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EL PRECIO DE LA LEALTAD

operacion avispa

Que un político sepa lo que es la lealtad, es como pedirle peras al olmo, es decir es pedirle algo imposible, algo que para él no es lo habitual ni lo natural, es querer exigirle demasiado.

En la vida hay que ser principalmente realista y saber dónde comienza el límite de lo posible y donde el de lo imposible, pedirle a un político que reconozca el esfuerzo que merecen quienes actuaron con lealtad, enviados precisamente por ellos a Cataluña para restablecer el orden constitucional, es querer pedirle peras al olmo.

El político español ignora que la lealtad es un sentimiento de respeto y fidelidad a los propios principios éticos y morales, a los compromisos establecidos y al juramento prestado.

Ignora que el propio término lealtad significa “respeto a la ley”, que la lealtad identifica y dignifica a una persona fiel en base a sus acciones y comportamiento, que se caracteriza por cumplidora incluso cuando las circunstancias son adversas, que defiende en lo que cree, y que respeta y asume hasta el final, hasta las últimas consecuencias, el juramento prestado.

Lealtad es sinónimo de nobleza, de rectitud, de honradez, de honestidad, de disciplina, entre otros valores morales y éticos, y es sinónimo de guardia civil. Lo opuesto a la  lealtad es la traición, es la falta que comete una persona en virtud al incumplimiento de su palabra, que describe al que engaña a sus compañeros, familiares, conciudadanos, a quien expone su propia honorabilidad.

Los guardias civiles que participaron en la operación “Avispa”, como los policías nacionales que lo hicieron en la operación “Copérnico”, fueron leales, no sólo a sus principios, también a su compromiso con la sociedad y lo fueron porque la lealtad es un rasgo característico en todos ellos, como lo es el respeto, la obediencia, la defensa del orden constitucional, la fidelidad como la capacidad de no traicionar a la sociedad ni al Estado de Derecho, como lo es el no incumplir la palabra dada y el respeto a la Ley..

Los guardias civiles juraron por su conciencia y honor cumplir fielmente sus obligaciones, guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado, obedecer y respetar al Rey y a sus jefes, no abandonarlos nunca y, si preciso fuere, entregar su vida en defensa de España, y a eso fueron a Cataluña, a cumplir el juramento dado, a guardar y hacer guardar la Constitución, a defender al conjunto del Estado, a hacer que se cumpliesen las leyes..

Tras el juramento dado se les prometió que si lo cumplían España se lo agradecería y premiaría, y si no, se le demandaría.

A los guardias civiles se les demanda cuando cometen un fallo, cuando incumplen el juramento dado, pero muy pocas veces se les agradece y recompensa cuando cumplen.

Los guardias civiles enviados a Cataluña a restaurar el ordenamiento constitucional, actuaron con lealtad y cumplieron con su juramento, y España debería haberselo agradecido y premiado. Dos años después, el político que ignora lo que significa la lealtad, lo que significa que es y que representa el juramento prestado, lo que es guardar y hacer guardar la Constitución, ha decidido que no merecen ser premiados, que no merecen por parte de España, de su Gobierno el agradecimiento por cumplir con lo que se les demandó, que no fue otra cosa que mantener el imperio de la Ley allí donde se intentaba acabar con él.

Los guardias civiles fueron enviados a Cataluña para impedir que se incumpliesen las leyes y los mandatos judiciales, fueron enviados para revertir el respeto a la Constitución, y actuaron acorde a sus principios, con Sacrificio, ya que se les sometió a un trabajo grave, al odio y a los ataques de los que se saltaron las leyes, subordinando su propio bienestar al de toda la sociedad, con Lealtad, cumpliendo lo que se les exigió con fidelidad y honor, con Austeridad, al someter a los propios sentimientos al cumplimiento del deber, con Disciplina, observando el principio de obediencia con el único límite moral del honor, la lealtad y el acatamiento a la Ley, con Abnegación, sacrificándose voluntariamente, dejando atrás sus afectos y sus propios intereses, y lo hicieron también con Espíritu Benemérito, considerando las necesidades y los intereses del conjunto de la sociedad por encima de los suyos propios.

Todo eso sin embargo no ha sido suficiente para quien tiene que autorizar las recompensas merecidas, y a todos aquellos guardias civiles a los que se pidió que fueran a parar un auténtico golpe de estado, un golpe a la Constitución, a la Democracia y al Estado de Derecho, España y en su nombre el Gobierno español y en el nombre de este el Ministerio de Interior, les ha negado su recompensa, les ha negado el premio que merecen. Al parecer el político no ha encontrado el momento oportuno para hacerlo, enfrascado en no enfadar demasiado a quienes traicionaron la Democracia, al conjunto de la sociedad, no acatando la Constitución, no respetando ni el juramento dado al acceder a sus cargos ni las reglas del juego democrático.

Se pidió al Ministerio del Interior que condecorase, es el Ministro quien debe firmar las propuestas, con la Orden del Mérito de la Guardia Civil a los agentes que participaron en el aquel dispositivo, pero el Ministerio no ha encontrado el momento, ahora, porque según dicen están en funciones, antes al parecer, porque no se podía enojar a la bestia, a quienes se mostraron desleales, a quienes quisieron romper la convivencia democrática saltándose las leyes y la Constitución, puede que alguien pensase en aquella frase de  Don Quijote "Peor es meneallo, amigo Sancho", que alguien pensase que al premiar a quienes cumplieron y se mostraron leales con la sociedad, con la Constitución y con las leyes en aquella operación "Avispa", se nos alborotase el avispero y perdiesen apoyos y aliados.

Dice la Cartilla del Guardia Civil que “El Guardia Civil no hace más que cumplir con su deber, y si algo debe esperar de aquel a quien ha favorecido, debe ser sólo un recuerdo de gratitud”, hoy hemos sabido que al menos ese recuerdo de gratitud lo tendrán, pero de quien tal vez sepa realmente de ese sacrificio voluntario asumido por los agentes, la propia Guardia Civil, su Dirección General

ha hecho pública la felicitación a 4915 agentes que participaron en la ‘Operación Avispa’, al menos las felicitaciones, con un pero, unas al parecer con anotación en sus hojas de servicios y otras sin anotación en las mismas, desconociendo el criterio seguido pienso que todos ellos, los 4915 agentes felicitados más los destinados en Cataluña, realizaron un servicio ejemplar en cualquier lugar al que fueron enviados para realizar su cometido, y todos ellos, enviados y destinados, deberían al menos tener esa felicitación en su hojas de servicios.

Es un recuerdo de gratitud, sí, lo merecen, pero se me antoja un tanto pobre para la enorme responsabilidad que asumieron, un pequeño gesto con el que se pretende al menos tapar la vergüenza de la traición del político y la deslealtad del Gobierno de España hacia estos agentes.

Si atendemos a lo que decía Abraham Lincoln “Se puede engañar a parte del pueblo parte del tiempo, pero no se puede engañar a todo el pueblo todo el tiempo”, o lo que mantenía el escritor y periodista Louis Dumur al decir que “La política es el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos”, entenderemos la diferencia entre el político y el guardia civil, entre la lealtad y la deslealtad y lo poco que vale y que significa, no sólo la palabra, también la lealtad para el político.

ANTONIO MANCERA CÁRDENAS

Guardia civil retirado


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