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20 de Septiembre de 2019. Aniversario Fundación de la Legión. Francisco Javier Zorzo Ferrer General de División

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De acuerdo con nuestro General, mi comentario para un día como el de hoy, el último 20 de septiembre antes del Centenario, va a tener un orientación hacia mi experiencia personal en La Legión, por lo que, de antemano, pido disculpas por ello.

Un día del último trimestre de 1963, cuando mi Promoción, la XVIII, una de las mejores, qué digo, la mejor de todas, sin duda, estábamos asistiendo a nuestro Segundo Periodo de formación en la Academia General Militar en Zaragoza, apareció un capitán, Bartolomé García Plata, del que recibimos una charla sobre La Legión y su XIII Bandera, a la que él pertenecía. Sí la XIII, la del combate de Edchera.

Al final del Segundo Periodo, los jóvenes tenientes teníamos que elegir el primer destino profesional de nuestra vida militar. Desde hacía tiempo, La Legión me atraía, ¿”la famosa llamada”?, pero tras la exposición del Capitán Plata, si me quedaba alguna duda, se me disipó. Quería ir a La Legión y, precisamente a la XIII Bandera Independiente “General Mola” de La Legión, con sede en la todavía provincia española de Ifni, en África. Fuimos tres tenientes juntos: José Luís Esteban Valencia (q.e.p.d.), Justo de la Cruz Tordesillas y yo.

Yo tenía 22 años, no tenía barba para afeitarme todos los días y fui destinado, precisamente, a la 2ª Compañía, la de Edchera, y nada más entrar, como un homenaje trascendental y con el convencimiento de que la muerte no es el final, allí aparecían todos los legionarios caídos en combate en aquel fatídico 13 de enero de 1958. Para mí, desde el principio constituyó un profundo respeto hacia todos aquellos legionarios que supieron cumplir hasta el final con el Espíritu de la Muerte de nuestro Credo y, con ello, hacia todos aquellos legionarios que iban a ser los “primeros soldados” que iba a mandar en mi vida.

Aunque suene un tanto a tópico, tengo que proclamar y quiero hacerlo, que aquellos legionarios me enseñaron a ser militar. Todo lo que aprendí en mi XIII Bandera, lo apliqué durante el resto de mi larga vida militar y me dio muy buen resultado. El Credo, nuestro Credo,  penetró en mí inmediatamente y, de forma consciente o inconscientemente, así lo tenía de dentro de mí,  guió en todo momento mi comportamiento, a lo largo de toda mi vida militar.

Las condiciones de vida en Ifni eran un tanto peculiares. La Legión “heredó” el acuartelamiento que había sido de la Brigada Paracaidista durante la guerra, pues, como recordaréis,  la XIII Bandera había estado combatiendo en el Sáhara. Como llovía muy poco o nada, no había Comedor. No entiendo cómo después de tantos hechos no se había resuelto esta carencia y menos en La Legión, donde se construían casas, edificios, cuadras, etc. con los legionarios. Os podéis imaginar lo que sucedía cuando, repartido el rancho empezaba a llover. Tampoco era un problema insalvable. ¡Faltaría más!

Mi primera metedura de pata no vino muy tarde. Fue en mi primera guardia de prevención, sólo, porque antes habíamos hecho una par de guardias acompañando a otros teniente veteranos. De lo poco que podía saber sobre el acuartelamiento, además de los dormitorios, el mesón, los despachos del Teniente Coronel Jefe y del Comandante Segundo Jefe, conocía perfectamente que la Quinta compañía, la de Armas, tenía cuadra, con los mulos y asnos necesarios para transportar las armas pesadas.  Pues bien, a la hora de hacer el parte de retreta, para transmitírselo a la Guardia de Principal, pude observar con sorpresa que el sargento de semana de la Quinta Compañía, el sargento primero Gastardi, no se me ha olvidado el nombre, no me había puesto en el parte los caballos, mulos, etc. Serían sobre las 2 de la madrugada y ordené al gastador de servicio que fuera a llamar al sargento de semana de la quinta compañía para que bajara a verme.

No habían pasado diez minutos y el sargento Gastardi se me presenta, inmaculadamente vestido, como siempre hacen los legionarios cuando están de servicio, y le dije, sin acritud; insisto eran poco más de las 2 de la madrugada, “pero hombre, cómo no has puesto los caballos y mulos de la compañía”. El sargento, muy serio, me contestó: “mi teniente, le sugiero que dé la vuelta al parte” y mira por donde allí estaban perfectamente detallados los animales de la compañía, en su apartado.

Yo no sabía que decir y salí del atolladero con un “bueno chaval márchate” Sin decir nada más que el tradicional, “¿ordena alguna otra cosa”, se retiró el sargento. El sargento Gastardi tendría entonces unos cuarenta y tantos años. Veterano de alguna guerra que otra.

Al poco tiempo me agregaron a la quinta compañía, para mandar, precisamente, la sección de cañones sin retroceso, donde se encontraba destinado como 2º jefe el sargento Gastardi. Casualidades de la vida. Nada más llegar le hice mención del incidente del parte y el sargento me confesó “¿sabe Vd. una cosa, mi Teniente, a mí no me molestó ni que me llamara a las dos de la mañana, ni que tuviera que ir a verle, lo que molestó de verdad fue su despedida: “vete chaval”. Obviamente aproveché la oportunidad para justificarme por mi patinazo y le confesé que estaba tan avergonzado que no me salió otra cosa. Fuimos buenos amigos y cuántas cosas aprendí de él.

Bien pronto aprendí que los Espíritus de nuestro Credo no eran mera literatura. Allí vi como los legionarios construían una pista, creo que era en el monte Bulalán, a pico y pala, sin emplear explosivos, nunca supe el porqué y como en instrucción, con un siroco de primera categoría, no se suspendieron las prácticas de castramentación. Aquello era la aplicación global del Espíritu de Sacrificio y Dureza.

Otro de los acontecimientos que me marcaron profundamente, aunque ya no estaba destinado en la XIII Bandera, fue el fusilamiento de un legionario veterano. Me contaron cómo sucedió este gravísimo incidente. Hacía muy poco que había dejado la Bandera.

En la víspera del día de Navidad o de Nochevieja, no estoy muy seguro, el “Cuqui”, legionario de la Quinta compañía, salió de guardia y mientras se arreglaba dejo el cetme encima de la cama, lo cual no estaba permitido y era sancionado como falta leve. El sargento de semana, que había sido compañero del “Cuqui” de expedición de reclutas cuando se  incorporaron a La Legión, le arrestó ocho días. El legionario, con la proximidad de haber sido compañeros le pidió que no le arrestara, por el día que era, pero el sargento no accedió a su petición y se retiró a su cuarto.

Al poco rato, el “Cuqui” llamó a la puerta del cuarto del sargento de semana y pidió permiso para entrar. Una vez concedida la autorización, el “Cuqui”, con el cetme en sus manos, le dijo al sargento: “mi sargento, Vd. no vuelve a arrestar a nadie” y le mató de un rafagazo.

Tras el consiguiente Consejo de Guerra, fue condenado a la pena capital. Todavía estaba en nuestro Código Penal Militar. Tengo entendido que se presentaron en varias ocasiones los correspondientes indultos, que no fueron atendidos y, por fin, se llevó a cabo la ejecución en el campo de tiro de SidiIfni. Al acto asistieron representaciones de todas las Unidades del Territorio, además de la XIII Bandera, como es lógico. Un pelotón de legionarios, al mando de Teniente más antiguo de la Bandera, fue el encargado de aplicar la sentencia.

El Teniente preguntó al “Cuqui” si quería que le vendaran los ojos. Se negó, pero le pidió al Teniente, jefe del pelotón de fusilamiento, que, por favor, no ordenara fuego enseguida, porque iba a rezar un padrenuestro, creo, y que lo hiciera ya avanzada la oración y a sus compañeros, los legionarios del pelotón, les pidió que dispararan todos a dar. Tras la orden de fuego, la descarga fue completa, tal y como les había solicitado su amigo y compañero. Todavía hoy, mientras escribo estas líneas, se me erizan los pelos de mis brazos al recordar este lamentabilísimo hecho. Otra aplicación exacta de nuestro Credo. El Espíritu de la Muerte en toda su extensión.

Desde aquellas fechas hasta nuestros días los hechos heroicos, significativos llevados a cabo por nuestros legionarios han sido innumerables. Es que así es La Legión.

Pero todos y cada de uno de nosotros, antiguos y actuales legionarios, habéis sabido continuas edificando el Templo que constituye el Tercio. Hemos sabido sobreponernos a malos entenderes, leyendas negras, algunas con razón, pero, hasta hace bien poco, no hemos sabido presentar a nuestros compatriotas qué y cómo es La Legión. Pero de verdad. A veces porque tampoco han querido escucharnos.

Tuvo que surgir el conflicto de los Balcanes para que los españoles supieran que tenían unas Fuerzas Armadas, cuya punta de lanza siempre ha sido La Legión, que estaba a la altura de las de los países más poderosos de la tierra, que hemos sido ejemplo para los representantes de aquellos países, que quisieron conocer sobre el terreno cómo eran los legionarios españoles. Todavía recuerdo a aquellos senadores norteamericanos que, durante su presencia en Bosnia, se entrevistaron con nosotros en nuestro Cuartel General de Medjugore. Politólogos y estudiosos universitarios han escrito a alabanza tras alabanza al referirse a las tropas españolas desplegadas en la antigua Yugoslavia. Y eso que éramos inexpertos en aquel tipo de Operaciones. Yo mismo le dije al entonces Ministro de Defensa, el añorado Julián García Vargas, que los legionarios y soldados que tan bien lo estaban haciendo en Bosnia, no habían surgido por generación espontánea, que era la consecuencia de una instrucción eficaz e infatigable y una historia que habían soportado las espaldas de miles y miles de españoles, pese a las carencias que casi permanentemente habíamos tenido que enfrentarnos.

Recordad que, tal y como se  contó en algún medio de comunicación y yo lo corroboro, pues tengo información de primerísima mano, el proyecto, borrador o como queramos llamarlo, de disolución de La Legión ya circulaba por alguna mesa de las Autoridades españolas.  Es muy probable que si la actuación de La Legión, lo cual nunca habría podido producirse, eso lo sabemos vosotros y yo, de haber realizado actos impropios o se hubiera pecado de eficacia, habría significado la disolución.

Para finalizar, un comentario más breve, después de 30 años de participación en Misiones en el Exterior, el nivel de nuestras Unidades es inigualable. Nos ha costado nuestra sangre, pero Irak, Líbano, Afganistán, Congo, Mali, Bosnia, naturalmente y tantos y tantos y tantos lugares, por tierra, mar y aire, son testigos de que los españoles pueden estar orgullosos de sus Fuerzas Armadas y seguros de que somos y seremos capaces de llegar al sacrificio último si la Patria lo requiriera.

Y ahora, en el XCIX Aniversario de nuestra fundación, aunque solo sea con el corazón y esperanzados con el nuevo año que se nos avecina, gritad conmigo

¡VIVA ESPAÑA, VIVA EL REY, VIVA LA LEGIÓN!

Francisco Javier Zorzo Ferrer. General de División (R.) Jefe de la Legión entre 1996 y 1998

Blog: generaldavila.com


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