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La Guardia Civil, Perogrullo y el asno de Buridán

asno de burindan 

La Guardia Civil es la auténtica representación institucional de la verdad de Perogrullo, que “a la mano cerrada la llamaba puño”. Porque la Guardia Civil es lo que representa y es lo que se espera de ella, ya lo dice la RAE, la perogrullada se define como «verdad o certeza que, por notoriamente sabida, es necedad o simpleza decirla».

Decir Guardia Civil, es decir, honradez, honor, sacrificio, constancia, trabajo, servicio, vocación. Decir Guardia Civil es decir respeto por las normas y las leyes, imparcialidad, respeto, humanidad.

En contraposición encontramos a algunos políticos, que son la representación del burro de Buridán, ya sabéis, ese asno que tenía tanta hambre que, ante dos sacos de heno idénticos y apetecibles, a su derecha y a su izquierda, debido a su vacilación acabó muriendo de hambre, incapaz de tomar una decisión.

Se suele dar el caso en política, que la inacción fruto de la indecisión, desidia o pereza, lleve a que no se tomen decisiones, o que estas no sean acertadas, a que se deje la responsabilidad de tomarlas a otro, o que se tomen decisiones inadecuadas o directamente erróneas, y esto normalmente, y hablando de la política de nuestro país, en más de una ocasión ha acarreado importantes consecuencias, lesivas en definitiva para los intereses de toda la sociedad.

Para conocimiento de quienes no conocen a la Guardia Civil, o quizás no les interese conocerla, ajenos al mundo y a la vida de los guardias civiles, decir que, la Institución es una comunión de pensamientos, valores y principios, que un hombre supo plasmar en aquellos primeros 5000 guardias civiles que fueron la avanzadilla de lo que ha sido la Guardia Civil durante más de 175 años.

El Duque de Ahumada, quería hombres bien formados y diligentes, “Prefería mozos muy bien formados a rebajar los requisitos por mor de las urgencias”. Según sus propias palabras «servirán más y ofrecerán más garantías de orden cinco mil hombres buenos que quince mil, no malos, sino medianos que fueran».

Ayer y hoy, no hay fuerza capaz para los guardias civiles que les induzca a alterar lo que el deber les ha demandado en cada servicio, en cada momento histórico, en cada época política, lo han demostrado durante todos los años de existencia del Cuerpo, de forma ejemplar, con su vida cuando ha sido necesario para asegurar la vida, la seguridad y la paz de la sociedad.

Ante momentos convulsos, ante gobiernos inútiles que han arremetido contra la Guardia Civil a lo largo de la Historia de España, los guardias civiles siempre han contestado con trabajo, con dedicación, con sacrificio, con honradez.

Hablo, para quien no lo conozca del espíritu ahumadiano, ese espíritu que el Duque de Ahumada pensó al detalle para su Guardia Civil y para sus guardias civiles, un espíritu que es más que un código moral, es un compromiso ético con la sociedad que todos los guardias asumen al ingresar en la Institución, y cuya interpretación está vigente en nuestros días, y como unos mandamientos que han transcendido en el tiempo a la propia Institución y a su creador, se resumen en dos, la rectitud en el servicio y el honor en la conducta profesional y personal de sus integrantes. Pero además, ese espíritu ahumadiano que no deja de ser una guía de conducta que modela a los guardias civiles, establece en estos un verdadero respeto y un auténtico cariño por el uniforme y lo que representa, para ellos y para el conjunto de la sociedad.

Los políticos mediocres, desconocen el espíritu ahumadiano de los guardias civiles, e intentan, lo que de forma magistral el doctor José Miguel Gaona, define como "Tranquilizamiento borreguil", es decir, negar la existencia de lobos a los corderos para que estos sigan pastando plácidamente en la ignorancia, y una vez todos sometidos a la ignorancia social, y pastando donde quieren los políticos, los auténticos lobos para la sociedad, corran a presentar a quien vela, vigila y defiende al ganado, como los verdaderos lobos, y así el engaño está hecho. Es lo que ocurre estos ultimos días con representantes del mundo independentista, separatista y radical en el Congreso, que pretenden cuestionar todo el trabajo de la Guardia Civil, con el silencio cómplice o no tanto, de quienes deben precisamente defender, el trabajo y la honorabilidad de los guardias civiles

Hoy, políticos que defienden a delincuentes, que se identifican con ellos, que asumen sus delitos como si fuesen propios, han decidido iniciar una campaña de descrédito hacia la Guardia Civil, oteguis, rufianes, botranes, vehís, iglesias, monteros, se sienten con fuerza para despotricar, amenazar, mentir, escupir, a los guardias civiles a la cara, ante el silencio cómplice y cobarde de algún hijo de Sancho, representación del burro de Buridán.

El problema es que oteguis, rufianes, botranes, vehís, iglesias y monteros, no tienen ni la categoría moral, ni los principios éticos que tienen todos y cada uno de los guardias civiles, son más de “estos son mis principios, si no les gustan tengo otros” que decía Marx, no el autor de El capital, sino el otro, Groucho, con más sentido común y sobre todo del humor.

No obstante, la realidad y la sociedad son cabezonas y el tiempo coloca a cada uno en su verdadero lugar, solo hay que ver en qué lugar están los políticos, o al menos algunos de ellos y donde la Guardia Civil, porque la honradez, la solidaridad, el sacrificio, la empatía, son virtudes que mantienen los guardias civiles, y de las que carecen, al parecer, los políticos, más enfrascados en sus propios objetivos, que precisamente son los contrarios a los que mantiene la Guardia Civil, como defensora del orden constitucional y vertebradora de nuestra nación, que en el bien común, incluso desconocen el buen uso de las palabras, por lo que en general se envuelven en un discurso de confrontación permanente y totalmente negativo.

No quieren a la Guardia Civil, porque pretenden instituciones estériles, sin pasado y sin historia, sin cultura y sin tradición, todo lo contrario de lo que es y representa especialmente nuestra Institución. Pretenden, incluso desde el propio Gobierno, imponer medidas, a las Fuerzas de Seguridad, donde la perspectiva política esté por encima de la profesional, con el consiguiente deterioro de las instituciones y el perjuicio para la propia sociedad.

La Guardia Civil es difícilmente manejable políticamente, imparciales y apolíticos están imbuidos de ese espíritu ahumadiano del que hablábamos, alguien con cierto criterio dijo que “los guardias civiles solo obedecen al Duque de Ahumada”, una forma sencilla y rápida de decir que la Guardia Civil solo obedece a las normas, a las Leyes, a sus principios y a sus valores, y por eso está en el punto de mira de esos políticos mediocres, hasta el extremo, de que el propio vicepresidente Iglesias desea suprimir la Guardia Civil, así lo desvelaba un documento de Podemos en 2016, con distintas propuestas si la formación llegaba al Gobierno y que textualmente decía “Supresión de la Guardia Civil por constituir un cuerpo de antecedentes represores y raíces franquistas. Su personal y material se integrarán en la nueva Policía del Estado”. Es la imbecilidad de quien no conoce a la Institución, su historia y su trayectoria profesional. Sólo decirle al vicepresidente Iglesias que la Guardia Civil nació en 1844. Y en cuanto a su "nueva Policía del Estado", recordarle lo que decía Eugenio D’Ors, "todo lo que no es tradición es plagio"., y plagiar para cambiar algo que funciona a la perfección, va más allá de la imbecilidad.

Toda una declaración de intenciones, que hoy está más cerca de hacerse realidad si atendemos a las manifestaciones del vicepresidente en la presentación del equipo ‘Un Podemos Contigo’, con el que Iglesias pretende blindar su liderazgo en Podemos, “Queridos amigos de las cloacas: estamos en el Gobierno". Y cloacas para Iglesias son todos aquellos que no piensan como él o no se mueven en su entorno, mientras los burros de Buridán del Gobierno piensan de que saco de heno comer, sucumbiendo poco a poco al populismo, al independentismo, al separatismo y al radicalismo de sus socios.

Dice el vice que parece que "moleste que en una democracia haya controles democráticos", mostrándose "orgulloso" de formar parte de un Gobierno que trabaja para que los servicios de inteligencia y las fuerzas de seguridad "cumplan con su deber, que no es otro que proteger y servir a la ciudadanía".

Si tuviésemos que realizar un “control democrático”, “económico”, “social” o de cualquier otro tipo a la Guardia Civil y al vicepresidente Iglesias y tuviésemos que hacer una confrontación de los resultados de esos controles, los resultados no sorprenderían a nadie, la Guardia Civil lo superaría con creces, Iglesias quizás no tanto. Y si hablamos de “cumplir con su deber, que no es otro que proteger y servir a la ciudadanía”, antes de la llegada de Iglesias al Gobierno, nuestra Institución ya lo hacía y con nota de honor, solo indicar que ahí tiene el vicepresidente y sus lacayos la trayectoria de servicio público de la Guardia Civil, Benemérita, a lo largo de más de 175 años de historia de España. La Guardia Civil es una Institución firme, consolidada, con años de historia benemérita y de servicio a la sociedad, frente a gobiernos hechos con remiendos parlamentarios, y ya sabemos que "quien hace un remiendo hace un ciento".

No sobra la Guardia Civil, sobran políticos veletas y mediocres, con principios y valores de ida y vuelta, según soplen los vientos, y faltan políticos con clase, esos políticos que independientemente de su ideología, supieron ver que era y como era la Guardia Civil, políticos como Manuel Azaña que “una vez implantada la República”, a la que la Guardia Civil sirvió con lealtad, y en un discurso pronunciado en las Cortes, el 5 de enero de 1.933, decía: "... la Guardia Civil, Instituto mantenedor del orden antes de la República e Instituto mantenedor del orden dentro de la República. El Gobierno está absolutamente satisfecho y seguro, y que en esta confianza se mantiene el Gobierno frente a esta Institución del Estado, que yo no digo que sea mejor ni peor que las otras Instituciones del Estado, ni tengo que entrar en ese género de comparaciones, ni la comparo con las del extranjero, ni la comparo con otros Institutos civiles de España. No tengo que entrar en eso. Digo que el Gobierno está absolutamente seguro y satisfecho del comportamiento del Instituto como corporación, lo cual le da autoridad, medios y energías para cuando algún individuo del Instituto se exceda en sus atribuciones o falte, corregirle y castigarle, aplicándole la responsabilidad que compete a un Instituto militar...".

Lo de Azaña si es una verdadera declaración de intenciones en el primer momento de la implantación de la II República, un auténtico legado histórico, una lección magistral de política y de historia, que dejó para los políticos mediocres de hoy, que tanto añoran esa II República.

Antonio Mancera Cárdenas

Guardia civil retirado por accidente en acto de servicio


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