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LA PRIMERA Y ULTIMA TRINCHERA: VOCACION DE SERVICIO FRENTE A IRRESPONSABILIDAD POLITICA Y ESTUPIDEZ HUMANA

PRIMERA Y ULTIMA TRINCHERA

Como siempre fieles a su deber y serenos en el peligro, desempeñando además, una vez más, no es la primera vez que hacen frente a una pandemia sanitaria, sus funciones con dignidad, prudencia y firmeza, pero sobre todo sin debilidad, prudentes y firmes, frente a políticos con demasiada bajeza moral que los ponen en riesgo, en grave riesgo y no sólo a ellos, también a sus familias.

Todos los guardias civiles tienen asumida su responsabilidad, y no sólo en esta ocasión, siempre que se les ha pedido que se arriesguen por el bien común, lo han hecho, sin pensarlo; todos ellos asumieron un compromiso con la sociedad, un compromiso de por vida y lo llevan hasta sus últimas consecuencias.

Lo hicieron en distintas epidemias de cólera en España, solo por recordar una de ellas, la de 1885, al comenzar el año se produjo una epidemia de cólera, que hizo que los guardias civiles pusiesen a prueba, una vez más, su capacidad y su compromiso en las actuaciones humanitarias, entonces tuvieron que asistir directamente a los afectados, muchos de ellos abandonados cruelmente por sus propios familiares, al no existir los servicios y la estructura sanitaria que tenemos hoy en día. Miembros de muchos puestos, en todo el territorio nacional, tuvieron incluso que ocuparse de enterrar a los innumerables cadáveres que nadie se atrevía a enterrar, además de repartir las escasas medicinas disponibles entre la población, muchas veces las suyas propias, incluso cuando la epidemia se agravó en muchos puntos de España por las lluvias que causaron en aquel año grandes inundaciones, aquella ayuda hizo que muchos guardias civiles muriesen víctimas precisamente de esa ayuda durante la epidemia, pero la Guardia Civil cumplió.

Hoy el escenario es también dantesco, y no es tiempo de reprochar a nadie su actuación antes y durante esta epidemia, el futuro, la justicia o la sociedad ya reclamarán su pago a quien tenga que hacerlo. Es tiempo como sociedad de estar al lado de quienes luchan contra la pandemia por todos nosotros. Hoy guardias civiles, policías y sanitarios se están contagiando y están muriendo, a pesar que ahora sí, contamos con la mejor estructura y servicios sanitarios.

La sociedad ha depositado en los sanitarios, auténticos héroes en toda esta tragedia, como última defensa frente a la pandemia, sus últimas esperanzas, pero tanto guardias civiles, como policías y militares son la primera trinchera de esta lucha sin cuartel, son también héroes en esta batalla, todos ellos tienen claro cuál es su misión, saben de la gran responsabilidad que asumen y del riesgo que corren, y la aceptan frente a verdaderos irresponsables políticos y estúpidos sociales, que se saltan la cuarentena, unos por intereses políticos, otros simplemente porque son el claro ejemplo de la estupidez humana y social, unos y otros, políticos y estúpidos, auténticos indeseables sociales, que ponen en riesgo al conjunto de la sociedad.

Guardias civiles, policías y militares asumieron un compromiso cuando juraron sus cargos, como lo asumieron los sanitarios al elegir su profesión, y saben que los medios de los que se les dota para su misión, pertenecen a la sociedad, que tan solo son los depositarios y que con esos medios, hoy demasiado escasos, tienen que enfrentarse al enemigo. Saben que la sociedad confía en ellos y por eso unos y otros lo están dando todo.

Frente a sanitarios, guardias civiles, policías y militares, la última y primera trinchera respectivamente, en la que hemos depositado nuestra esperanza de supervivencia, si nuestra supervivencia, porque ya estamos luchando por nuestra vida, se sitúan los políticos y sus gestores, esos que determinan que en un servicio de urgencia los profesionales no se pongan mascarilla para no alarmar a los que ingresan, que los técnicos de un laboratorio que debe realizar las pruebas, no son personal de riesgo, los que deciden también que guardias civiles y policías tampoco son personal de riesgo y que sólo deben ponerse el material de dotación que se les da para evitar el contagio, material escaso y pobre, cuando en la intervención se tenga claro que la persona es positivo en coronavirus, como si ellos fuesen médicos, políticos que han decidido en algunos casos que los agentes patrullen sin mascarillas para no alarmar a la sociedad, como si no estuviese ya bastante alarmada o que no pueden usar aquel material que ellos, preocupados por su salud y por la de sus seres queridos, con los que conviven, compran por su cuenta, o el que de forma altruista parte de esa sociedad les entrega para su propia protección y que guardias y policías, sabedores de la importancia del trabajo de los sanitarios, les ceden.

Políticos que entran y salen de la cuarentena según les conviene y que nos piden al resto de ciudadanos que no salgamos de casa, a los que les realizan los test y les dan el resultado de las pruebas en tiempo record, mientras para el resto de mortales infectados no hay test suficientes y los envían a casa sin realizarles prueba alguna. Estúpidos que creen que salir a comprar varias veces al día, todos los días, es un derecho que tienen, que pueden sacar a pasear al perro el tiempo que les da la gana, que la basura se puede tirar de envase en envase, para salir más a la calle, que en el super se paran a hablar con el vecino o con el amigo en mitad de un pasillo, o que se puede ir tranquilamente de casa rural o a la segunda residencia a pasar el fin de semana o el puente; inconscientes todos ellos que no solo ponen en riesgo su salud, que allá cada cual con su vida o con su muerte, sino que ponen en riesgo a toda la sociedad, pero especialmente ponen en riesgo la salud y la vida de quienes velan para que se cumplan las normas que deberían evitar la propagación de la pandemia y de quienes velan precisamente por nuestra salud, la primera y la última trinchera en esta guerra sin cuartel. Políticos que dificilmente morirán ya que cuentan con medios a su disposición y estupidos que pueden que mueran, precisamente por su propia estúpidez.

Más de 1000 fallecidos, entre ellos dos guardias civiles y un policía municipal, más de 150 policías y guardias civiles contagiados, más de 450 sanitarios victimas del coronavirus, nuestra primera y última trinchera atacada, nuestra esperanza diluyéndose, mientras políticos irresponsables, no dan ejemplo de civismo, no ponen los medios para acabar con la pandemia, no dotan de material a los profesionales que luchan por nosotros contra ella o simplemente se están tomando la situación a broma, todos ellos cómplices de las muertes y de los contagios, pero especialmente culpables de las muertes e infecciones de sanitarios, guardias civiles y policías por no dotarles de medios suficientes y eficaces.

Aun así, guardias civiles, policías, militares y sanitarios, pese a la irresponsabilidad de políticos y a la estupidez humana, sabiendo cada uno de ellos que por encima del riesgo que corren está su vocación de servicio, ese compromiso adquirido, seguirán luchando por quienes precisamente les ponen en riesgo y por todos nosotros.

Por eso, todos los profesionales que luchan de forma denodada para acabar con la pandemia, se merecen, no solo nuestro reconocimiento, también nuestro respeto, ellos han asumido el compromiso, el riesgo, nosotros como sociedad debemos dar más, debemos facilitar la labor de guardias civiles, policías y militares para contener a este enemigo, para evitar que llegue a esa última trinchera, y es que sin medios quienes están en la primera trinchera no se pueden ni nos pueden defender, lo que hace que la última trinchera, nuestra última esperanza caiga, y cuando ellos no estén para defendernos, para luchar por nosotros, para velar por nuestra salud, nos lamentaremos, es ahora cuando tenemos que estar a su lado, defender a quienes nos están defendiendo, luchar por ellos y exigir, si exigir que se les permita defendernos con garantias, lamentablemente como sociedad no estamos haciendo las cosas bien. 

Antonio Mancera Cárdenas

Director Benemérita al Día

 


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