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Maquiavelo ha vuelto

hervas

Si releemos “El Príncipe” de Maquiavelo –cosa que no recomiendo, pues es algo más que un leño– nos damos cuenta de que la filosofía política de gobierno que hoy impera en España es lo que Maquiavelo aconsejara a los príncipes renacentistas del siglo XVI: que ignoraran los estándares aceptados de lo que era la virtud e “incurrieran en el mal cuando fuera necesario”. ¿Necesario para quién?, pues está claro, para ellos mismos.

Pese a que para el gobernante es mejor que le teman a que le amen, debe evitar que le odien, pues ello puede poner en peligro su poder. Lo mejor es buscar despiadadamente el poder aparentando ser honrados; o sea, mentir cual bellacos. Como vemos, las políticas que se practican en el gobierno España no son nada progresistas, sino que nos retrotraen al siglo XVI. Por eso hay que mentir, pues emulando un poco a dijera Paul Valery podríamos decir que el falseamiento hace querer el propósito, aunque este sea infame. Vivimos en una época de mentira continuada, gobernados por gentes mediocres e incapacitadas que se disfrazan de redentores para acrecentar su propio peculio en primer lugar y el de sus compinches, aunque no tanto, en segundo lugar. Es una época en que se estafa a la decencia y a la honradez, como si estuviéramos viviendo una nueva picaresca –de lo más ruin posible– que acrecienta los bolsillos de los indocumentados que la dirigen. Tenemos un nuevo Conde Duque de Olivares disfrazado de gobernante, con algún que otro Francisco de Quevedo llamándole al orden de manera infructuosa: “no he de callar por más que con el dedo ya tocando la boca, ya la frente, silencio avises o amenaces miedo”.

Y lo malo es que tenemos una oposición achantada, acobardada, asustada, salvo algunas excepciones. Es el reino de los inmorales y torpes, con conocimiento de causa. Por desgracia, la gente se vende por un plato de lentejas mal guisadas. ¡Mira que hay vagos…!

He sabido hoy del fallecimiento por culpa del dichoso coronavirus, al que no engañan los maquiavelistas por más que lo intentan, de un gran amigo, un gran cardiólogo y una gran persona: el General Médico Don Juan Rey Naya. En su día fue jefe de Asistencia Sanitaria de la Guardia Civil y General Jefe de la Brigada de Sanidad del Ejército de Tierra. Yo además le tengo un especial cariño, pues cuando me intentaron defenestrar por evitar el robo continuado de cierto político de mi hospital, él me defendió, pues no era justo que por defender el dinero de los contribuyentes me intentasen cesar, cosa que no pudieron hacer, pues uno tiene sus amigos abogados. Juan, te mereces el Cielo, pero no solo por eso, sino por toda tu vida ejemplar.

GENERAL MEDICO

Y ello me lleva a la tremenda torpeza en la gestión política, económica y sanitaria de esta pandemia. Sabían del riesgo desde finales de enero, pero… estos insensatos no podían dejar de celebrar su manifestación feminoide –que no feminista– del 8 de marzo. Ello causó que se dispararan los contagios, que aumentaran los fallecidos, que el virus mutara a sus anchas y se volviera cada vez más agresivo y que la gente, desorientada, al igual que el personal sanitario, actuara sin directrices. Otra cosa es que las directrices del Ministerio de Sanidad etc., eran inconexas, incompletas, hechas por gentes de poca experiencia, que luego hubieron de ser modificadas y corregidas. Por citar algo, comentaremos cinco tonterías, crasos errores, difundidas y muy pregonadas por el ejecutivo.

Primera: no es preciso usar mascarillas. Bien, pues si fuera obligatorio y todos las usásemos, los contagios se reducirían casi en un 99%.

Segunda sandez: lavarse las manos constantemente. Bueno, si todos usásemos guantes de vinilo al salir a la calle, desinfectándolos después al volver a casa, y lavándonos después las manos, los contagios por contacto se reducirían más aún.

Tercera majadería: guardar primero un metro, luego metro y medio y finalmente dos metros entre las personas. Eso bien si no se mueven apenas y llevan todos mascarillas. Porque si caminan rápido, la distancia ha de doblarse (salvo que lleven mascarillas, insisto) y si corren o van en bicicleta y se cruzan pues diez o más metros, salvo que lleven mascarillas, no me cansaré de insistir.

Cuarta: el confinamiento de todo el mundo. Otra exageración bravía. El confinamiento de personas de riesgo (ancianos, cardiópatas, etc.) tiene sentido, pero con un tiempo reservado a ellos, porque si no caminan al aire libre, mueren antes. Es decir, un par de horas al día en exclusiva para ellos. Y por supuesto, con mascarilla. El confinar a todo el mundo es malo, porque ni somos ganado ni nos va a mejorar. Y eso va por muchos trabajos también, pues si las fábricas no producen, por ejemplo, se incrementa la crisis económica y es más difícil atajar la pandemia.

Y quinta, el sistema de compras, absurdo y con un mal tufillo. Se han rechazado donaciones y se ha malgastado el dinero de los contribuyentes. Uno no querría pensar mal, pero las compras sanitarias han sido, cuando menos, sospechosas.

Y hay otra cosa peor. Se está intentando dar poco a poco lo que semeja ser un torpe y mezquino golpe de estado en el más puro sistema arbitrario del tipo venezolano populista. Pero como son tan torpes, tengo la certeza de que esto se va a volver contra ellos, puesto que España no es Venezuela y a más de uno lo veremos en los tribunales no tardando mucho, o huido de España, que todo pudiera ser.

¿Les parece poco? Bueno, pues hay más: lo peor. Se nos viene encima una ruina económica de escalofriar. Bajarán sueldos y pensiones, quebrarán empresas –incluso algunas grandes– y hasta bancos, y tendrán que pasar al menos dos generaciones para poder respirar económicamente otra vez. La economía se iba a dañar, seguro, pero unas diez veces menos si se hubieran hecho las cosas bien. De todo esto habrá que responder: número de ministerios y cargos públicos (¿o cargas públicas?), número de políticos de autonomías, número de concejales, número de diputados y senadores… y así hasta casi el infinito.

Pero claro, ya solo les falta la pena de muerte, que también Maquiavelo defendía. Si nos descuidamos la impondrán pronto (puede que hasta por decreto, como acostumbran).

Es lamentable que ni S.M. Felipe VI, ni los Ejércitos y fuerzas del Orden –incluyendo a la Guardia Civil –pongan ídem (léase orden), que ya va faltando y la situación empieza a ser peligrosa, porque hay otros todavía más torpes que el gobierno: los separatistas. Si no nos unimos todos, nos vamos todos al hoyo, pues nadie quiere un cachito protestón de España, no vaya a ser que la cosa se pegue. Es decir, que los independentismos solo conducen a la ruina, por lo que lo que les alimenta es el parasitismo, ¿verdad PNV?, ya que otra cosa no es viable. Y para eso, lo mejor es un gobierno torpe, egoísta y profundamente inculto. Por favor, Mi General, intercede por España desde el Cielo, que nos hace falta.

  • Francisco Hervás Maldonado
  • Coronel Médico (r)
  • Doctor en Medicina y Cirugía
  • Ex - Jefe de Servicio de Microbiología del Hospital Central de la Defensa “Gómez Ulla”
  • Excellence in Health Care Prize
  • Doctor Honoris Causa in Health Sciences

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