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Miles de mujeres con cáncer de mama podrían librarse de la quimioterapia para curarse

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Un revolucionario test determina con seguridad quiénes no la necesitan…

Un nuevo test evita que las mujeres con el cáncer de mama más común tengan que someterse a quimioterapia. El descubrimiento es resultado de un estudio en el que han participado 10.000 pacientes que se arriesgaron en nombre de la ciencia.

Cuando tenía 49 años, fue a hacerse una mamografía y recibió la noticia que toda mujer teme: padecía cáncer de mama. Su oncólogo le explicó a Bari Brooks las opciones. Podía someterse a terapia hormonal y quimioterapia, lo habitual, pero también podía participar voluntariamente en un estudio nacional en el que le asignarían un tratamiento aleatorio: la tradicional terapia hormonal más ‘quimio’ o bien exclusivamente terapia hormonal, sin ‘quimio‘. No era una decisión sencilla, pero lo tuvo claro.

«No tuve ni que pensarlo. Le dije que sí, quería hacerlo. En esos momentos, te das cuenta de lo insignificante que es todo. El dinero, el trabajo, los proyectos, nada importa… ¿En qué he contribuido en mi vida y en qué quiero contribuir? Vi que podía aportar algo. Me sentí honrada y agradecida de participar», le contó Brooks recientemente al diario The New York Times.

Es una de los miles de mujeres participantes en TAYLORx, un estudio norteamericano que ha revolucionado la investigación oncológica al establecer que el 70 por ciento de las pacientes que sufren el cáncer de mama de mejor pronóstico (la mitad de las mujeres que se diagnostican en España) podrá evitar la quimioterapia.

Los esperanzadores resultados marcan el comienzo de una nueva era en el tratamiento del cáncer de mama. La era del ‘desescalamiento’.

Para ninguna de ellas fue una decisión fácil. Desconocían si el tratamiento que iban a recibir era el mejor para ellas. O si su pequeño acto de fe les costaría la salud o la vida. «El altruismo de estas mujeres es espectacular. Es una historia que no se ha contado debidamente. Son unas heroínas. Sin ellas, no tendríamos la respuesta», explica José Baselga, director médico del Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York, uno de los centros que participó en el estudio.

Difícil disyuntiva

A menudo, cuenta Baselga, estas mujeres y los especialistas que las atendían se encontraban indecisos sobre qué hacer respecto a la quimioterapia. Pero el estudio clínico tampoco era una ruleta rusa. «La hipótesis de que la ‘quimio’ no era necesaria era ya muy fuerte. No puedes diseñar un estudio con la percepción de que un grupo va a recibir un tratamiento inferior al que debería. Si no, no es un estudio clínico ético y no se puede llevar a cabo. Eran pacientes que estaban indecisas sobre qué hacer. Y cuando estás en esa posición, participar en un estudio clínico en el que, de manera aleatoria, te toca una cosa u otra es lo más apropiado», explica Baselga.

Sin embargo, los peajes eran muy exigentes. Recibir ‘quimio’ sin necesidad suponía el calvario ya conocido: la terrible fatiga y las náuseas, la pérdida de cabello y sus consecuencias psicológicas, las prolongadas bajas laborales… Incluso, en un porcentaje muy pequeño, el desarrollo de leucemia. Por el contrario, no recibirla contravenía las recomendaciones del National Health Institute de Estados Unidos para las mujeres que padecen cáncer de mama en su fase inicial.

El estudio TAYLORx, que ha sido publicado en el New England Journal of Medicine y presentado hace unas semanas en la conferencia anual de la Sociedad Estadounidense de Oncología Clínica, contó con la participación de más de 10.000 mujeres de entre 18 y 75 años enfermas de cáncer de mama. Pero no de cualquier cáncer de mama. El tumor tenía que estar en las fases iniciales de su desarrollo, debía ser de tipo hormonal, ser negativo para el gen HER2 (que expresa una proteína que promueve el crecimiento de células cancerosas) y no haberse diseminado a los ganglios linfáticos. Más o menos, la mitad de los cánceres de mama responden a esta descripción.

«Hasta hace poco era muy difícil calcular el riesgo que cada paciente tenía de que el tumor, después de operado, hiciera una metástasis. Nos basábamos en criterios poco precisos, como el tamaño del tumor», explica Baselga.

Después de someterse a cirugía para extirpar el tumor, el primer paso era practicar un test genómico, el llamado ‘Oncotype DX’, una biopsia que analiza la actividad de 21 genes tumorales que intervienen en el crecimiento celular.

De ese análisis cada mujer obtiene una puntuación del 0 al 100, basada en la probabilidad de que el cáncer vuelva a desarrollarse en los 10 años posteriores al tratamiento.

Resultados rotundos

Los investigadores ya sabían que aquellas pacientes que sacaban menos de 10 en el test podían prescindir de la quimioterapia, porque no aportaba ningún beneficio adicional a la terapia hormonal. Aquellas que superaban los 26 puntos (apenas el 14 por ciento de la muestra) se beneficiaban claramente de la ‘quimio’. «En el grupo de 25 puntos o más no había duda:  había que dar quimioterapia», explica Baselga. El problema eran las pacientes que sacaban una puntuación intermedia. En realidad, la mayoría. En la muestra del estudio, 6711 casos (el 69 por ciento) obtuvieron entre 11 y 25 puntos.

A ellas se les asignó, de manera totalmente aleatoria, someterse a ‘quimio’ y terapia hormonal o únicamente a terapia hormonal. Después de 9 años, el 93,9 por ciento de las mujeres que solo habían sido tratadas con tratamiento hormonal estaban vivas, frente al 93,8 que habían recibido también ‘quimio’. Es decir: no había diferencias significativas.

«El problema siempre había sido esa zona gris de pacientes de riesgo intermedio. Era un lío porque nunca sabías qué hacer. En muchos casos, ante la duda, se daba ‘quimio’ para curarse en salud. Lo que ha demostrado el estudio son dos cosas: estas mujeres tienen un buen pronóstico y este no mejora de modo adicional gracias a la ‘quimio’», explica Baselga, uno de los mayores expertos del mundo en cáncer de mama.

Mujeres de 50 años

Efectivamente, las conclusiones para este grupo eran aplastantes. En mujeres mayores de 50 años, la quimioterapia no añadía ningún beneficio al tratamiento. Con las menores de 50 años había una excepción: algunas de ellas sí experimentaban una mejoraría gracias a la ‘quimio’. Los investigadores aún no saben por qué

Durante la investigación se comprobó que en las mujeres del grupo de estudio mayores de 50 años, la quimioterapia no añadía ningún beneficio al tratamiento

Sin embargo, este ‘pero’ es relativo, teniendo en cuenta que la edad media en el diagnóstico del cáncer de mama es de 62 años. Por eso, a partir de ahora, las recomendaciones serán las siguientes: las menores de 50 años con una puntación de entre 0 y 15 podrán evitar la quimioterapia; las mayores de 50 tampoco la necesitarán si su test oscila entre 0 y 25 puntos.

Los resultados del estudio tendrán un efecto radical en el día a día de las consultas de oncología. «Nuestro estudio demuestra que la quimioterapia se puede evitar en el 70 por ciento de estas mujeres si se utiliza el test, limitando la quimioterapia al 30 por ciento que podemos predecir que se beneficiarán de ella», ha explicado Joseph Sparano, uno de los primeros investigadores del estudio TAYLORx.

Revolución total

El test, patentando por la empresa americana Genomic Health, cambiará radicalmente la experiencia de muchas mujeres que padecen la enfermedad y que se ahorrarán todos los efectos nocivos de la ‘quimio’. Por no hablar de la relación coste-beneficio para la sanidad pública. O para la privada.

En Estados Unidos, el test ya se utiliza de manera rutinaria y muchas aseguradoras cubren su coste. Entre otras cosas porque su utilización permite ahorrar en tratamientos, estancias hospitalarias, personal profesional, bajas laborales…

En España, su utilización no está tan extendida, pese a que algunos estudios han demostrado que su uso sería tremendamente beneficioso para el sistema público. El grupo de investigación de Joan Albanell, jefe de oncología del Hospital del Mar de Barcelona, lo puso a prueba en un experimento pionero en Europa. Los investigadores se preguntaron si, atendiendo al protocolo convencional, las pacientes de la muestra (en total, 107) debían someterse a quimioterapia. La posterior utilización del test hizo que los especialistas modificaran el tratamiento en un 32 por ciento de los casos.

Una Nueva era

Estamos, por tanto, ante un nuevo paradigma, como ya ocurrió en su día con la cirugía para el cáncer de mama. «Está demostrado, de manera extensa y exhaustiva, que las mastectomías no mejoran la supervivencia. Cirugías mínimamente invasivas pueden solucionar el problema», explica Baselga. En muchos casos, ya tampoco es necesario extirpar los ganglios linfáticos; y los tratamientos de radioterapia son menos intensivos que antes. Es lo que en oncología ya se conoce como ‘desescalamiento’. «Un día no muy lejano habrá pacientes de cáncer de mama que ni siquiera requerirán cirugía. Tendremos firmas de genes tan sofisticadas que nos permitirán saber si el cáncer va a matar o no a esa mujer. En algunos casos, no habrá que hacer absolutamente nada; en otros, quizá una cirugía ambulatoria muy poco invasiva. Es lo que pasa ahora con muchos cánceres de próstata, que a menudo no se tocan», dice Baselga.

Obviamente, esto no está ocurriendo solo en el ámbito del cáncer de mama. Es lógico pensar que hay otros tumores que se tratan en exceso. «Eso está claro. El problema es que, cuando no tenemos una buena capacidad de predicción, o nos pasamos o nos quedamos cortos. Mucha gente me pregunta si la ‘quimio’ va a desaparecer y la respuesta es ‘no’. La quimioterapia salva muchas vidas. El problema es saber quién la necesita», comenta Baselga. Según el experto, «el futuro del tratamiento del cáncer pasa por invertir mucho más tiempo (y recursos) en el momento del diagnóstico a través de test genómicos que nos permitan estudiar al enemigo». Después, los tratamientos serán personalizados con la ayuda de algoritmos que predecirán la mejor manera de enfrentarse a cada tumor.

Problemas

Pero el ‘desescalamiento’ también puede tener otra cara. La de las pacientes que, por curarse en salud, demanden tratamientos más agresivos de lo que realmente necesitan. Baselga lo pone en duda. «No creo que vaya a existir ese problema.

Las pacientes están encantadas. La lucha siempre era la contraria. La pregunta era: ‘ Estás seguro de que necesito quimioterapia?’. De hecho, el problema es que esto no se aplica a todos los tipos de cáncer de mama y vamos a tener que explicárselo muy bien a las mujeres que sí la necesitan. Ya me ocurre a diario». Mientras él hace pedagogía en su consulta, sus heroínas siguen adelante.

Por Ixone Díaz Landaluce

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