El hospital Virgen de la Arrixaca, en Murcia, es el centro que más trasplantes de órganos realiza en España

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Nada menos que 443 el año pasado. Un hito que sería imposible sin la generosidad de los murcianos, líderes del mundo en donaciones de órganos, y sin la destreza y dedicación de sus cirujanos

Inmaculada Bermúdez. de 45 años lleva dos días en la unidad de cuidados intensivos (UCI). Acaba de recibir un corazón y habla con un tono de voz vaporoso. A resoplidos. La acompañan sus padres y su hermana, que ayudan a perfilar su relato de cómo ha terminado aquí: «Le dio un infarto estando en Port Aventura, en diciembre de 2017. Le diagnosticaron una insuficiencia cardiaca que iba a peor». Apenas resisten el llanto. Sin el órgano que acaba de recibir, su pronóstico era de «una vida corta y limitada».

Este centro de Murcia es uno de los hospitales donde más trasplantes se realizan de España: 443 de órganos y tejidos el año pasado. En 2018 no solo batieron las cifras de años anteriores, también sumaron un nuevo récord: el día de Nochebuena realizaron ocho operaciones en menos de 24 horas. Su equipo -de 45 profesionales, incluidos los responsables de la UCI y planta- es ya un emblema.

Pero en Murcia no solo el hospital Virgen de la Arrixaca bate récords. Este hito sería imposible si esa comunidad autónoma no fuera la meca de las donaciones de órganos en el mundo. Si en España -que lidera el ranking mundial- la tasa es de 48 donantes por millón de habitantes, en Murcia se alcanzaron los 66 donantes por millón en 2017.

Las campañas de sensibilización han logrado multiplicar los donantes. Aquí, hasta poblaciones menos concienciadas, como las comunidades de británicos que veranean en este rincón del Mediterráneo o los migrantes que trabajan en los campos de Murcia y Cartagena, son donantes.

Gracias a ello, a la pericia de su equipo médico y a que en los trasplantes se da prioridad a la cercanía -además de a la urgencia (casos prioritarios sin posibilidad de espera)-, el hospital Virgen de la Arrixaca se ha convertido en un referente. «No depende de la actitud, sino de la educación». Es la fórmula con la que Pablo Ramírez resume el éxito. A sus 58 años, el coordinador regional de trasplantes de Murcia y cirujano de trasplante hepático recibe en bata. La vestirá a lo largo de una jornada laboral de duración casi infinita que él define como «flexible». «Está todo medido al minuto, pero no se sabe cuándo habrá que actuar», cuenta este profesional con décadas de oficio. «Estamos todo el día pendientes y conectados», indica.

Ramírez explica de forma didáctica el proceso: «El donante debe tener el carné de la Organización Nacional de Trasplantes o haber comunicado su deseo de ser donante a su círculo más cercano. Cuando se produce la muerte cerebral o la parada cardiorrespiratoria, se buscan los receptores más adecuados. Primero, de Murcia; y, si no los hay, de cualquier hospital de España. Un dispositivo de extracción multiorgánica puede implicar a más de 100 profesionales.

Hay que actuar con rapidez, ya que los órganos aguantan pocas horas en una nevera y los trasplantes tienen que estar resueltos en menos de 24 horasUn procedimiento complejo, que empieza con la inclusión del paciente en la lista de espera del Registro Nacional de Trasplantes. La prioridad varía según la edad o la gravedad del enfermo. Entonces toca esperar a que haya un órgano disponible. «Es muy estresante para ambas partes porque no hay descanso: es algo que funciona 24 horas los 365 días», agrega Mario Royo-Villanova, coordinador médico de trasplantes del Hospital Universitario Virgen de la Arrixaca.

El pasado 22 de febrero, la luz prendió desde Tenerife. En la isla había un hígado disponible para un paciente del Virgen de la Arrixaca. El traslado del órgano debía efectuarse en avión. Con la cuenta atrás en marcha, un jet privado financiado por la sanidad pública sale desde Madrid hasta la isla. Luego se custodia hasta el aterrizaje en el Aeropuerto Internacional de Corvera-Región de Murcia. Entrada la madrugada, una ambulancia lo espera en pista. Los encargados recogen la nevera y enfilan hacia el hospital.

Allí, cuatro enfermeras preparan el quirófano. Si no hay imprevistos (como que el hígado llegue en mal estado), el beneficiario va a ser un varón de 47 años. Al extraerle su órgano enfermo, se comprueba cómo la cirrosis lo ha deteriorado. Horas más tarde, este enfermo solamente tendrá que sortear una posible infección o un posible rechazo. Será una persona nueva. Y podrá decir, como Inmaculada, «he vuelto a nacer».

O como lo dice Francisco Martínez Pimienta, que pasó del «acojone» al «relax» en cuestión de horas. «Cuando te avisan, entran los nervios. Luego ves a los profesionales y te calmas», explica. La misma sensación que tiene Mohammed Bofare a sus 37 años, con una diabetes de juventud que destrozó su riñón. «Llevo una década de insulina y diálisis tres veces por semana», apunta mientras bebe lentamente de un vaso. Su insuficiencia renal no era prioritaria, así que ha tenido que esperar unos 12 meses.

En la Región de Murcia -como en el resto de España- se trasplantan órganos a cualquier migrante que lo necesita. «Ellos son muy generosos cuando les toca. Están plenamente integrados en el sistema de salud, dando y recibiendo», afirma Ramírez.Todos los pacientes hablan de lo terrible de la espera. En ocasiones, agónica. No hay un tiempo estimado. Cada órgano que se recibe está asignado a un paciente titular y a otro suplente. A veces, acudir al hospital es ver pasar la oportunidad por delante. Hasta que llega la llamada definitiva.

Rosa Blanco, Mariano Fernández y Conchi Vicente, coordinadores de enfermería, denominan a esos instantes ‘tiempo detenido’. «Lo dices con cautela porque es un momento de enorme emoción», explican. Para ellos, el mayor dolor es que el paciente ya no siga vivo. «Una vez hablé con los familiares en el tanatorio», recuerda con tristeza uno de ellos.

En ese ‘tiempo detenido’ suele reinar el silencio, aunque se trate de la mejor de las noticias. Pocos saben cómo reaccionar. «Es raro: te lo esperas, pero te quedas paralizado», describe Elisabeth, la hija de Antonio Cascales, que yace en la camilla con un hígado nuevo. «En mi caso me pilló en casa, preparando la cena. Avisé a mi madre. Nos miramos y no sabíamos qué decirnos», narra.

Desde que su padre engrosó la lista, vivía pegada al móvil. Siempre hay que dar dos números, por si acaso. Este año celebrarán dos cumpleaños: el del pasaporte y el que les ha añadido la intervención en el Virgen de la Arrixaca.«Cambia tu perspectiva de la vida», arranca locuaz Francisco Martín, albaceteño de 61 años. «Me ha vuelto la voz y la vitalidad», añade, enseñando una cicatriz que cruza su vientre como una cremallera. «Ahora solo quiero seguir viviendo. Quizá viajar algo más», sopesa alabando al equipo de Pablo Ramírez -que en 2018 recibió la Medalla de Oro de la Ciudad de Murcia- y a aquellos que ponen sus órganos a disposición de otras personas. Gente que lo hace con total altruismo. Además, la confidencialidad es parte del trato. Se pueden aportar algunos datos generales.

Pero la protección es fundamental.:existe el riesgo de que ambas partes se busquen. Bien para agradecer el gesto, bien para intentar sentir la prórroga de ese ser querido. La familia de Inmaculada, por ejemplo, sabe que el corazón que late en su pecho era «de alguien de Badajoz». Si tuvieran oportunidad, irían en persona a agradecer «este regalo impagable». Después del abrazo y del sorbo de agua, claro.

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Redacción
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