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Serafín Pérez, "padre" de la oficina de comunicación de Oviedo

SERAFIN OPC OVIEDO

El cabo primero Serafín Pérez, "padre" de la oficina de comunicación de Oviedo, se retira trasveinte años informando sobre la Guardia Civil con el sentir del deber cumplido y decenas de anécdotas

Cuarenta y cinco años de servicio en la Guardia Civil, de los que veinte los ha dedicado a las relaciones con los medios de comunicación. El cabo primero Serafín Pérez Álvarez se jubilará el 6 de mayo y con él se llevará cientos de anécdotas entre la Benemérita y los periodistas. Fue el encargado de poner en marcha la Oficina Periférica de Comunicación (OPC) de la Comandancia de la Guardia Civil de Oviedo, que si en un principio levantó suspicacias y cierto malestar entre los profesionales de entonces, se acabó convirtiendo en una línea de consulta e información directa y valorada.

El que fuera Director General de la Guardia Civil Santiago López Valdivielso decidió en 1998 que había que crear un departamento que facilitara la comunicación de la Benemérita con los medios de comunicación, y que trabajara en acercar el Instituto Armado a la sociedad. "El teniente coronel aquí era Pedro Laguna y decidió que fuera yo quien me encargara de poner en marcha la OPC. Fuimos de toda España a un curso avanzado de tres días de relación con los medios y nos pusieron a trabajar. Los comienzos fueron bastante fastidiados, porque la Guardia Civil siempre había sido muy hermética y no se entendía muy bien lo que se quería hacer. Los primeros sorprendidos fueron los medios de comunicación", relata Serafín.

El recelo entre los periodistas era tal, que Valdivieso vino a Asturias, a Mieres, a pasar revista, y los periodistas de aquella zona le entregaron una carta en la que protestaban por la creación de la OPC. "Creían que les íbamos a coartar la libertad de información, cuando el objetivo era lo contrario", asegura el cabo primero mientras enseña la carta que aún guarda en su mesa de la oficina. Pero también los mandos de la Guardia Civil estaban sorprendidos con la creación de una oficina sólo para la relación con los medios. "Tuve que luchar bastante, porque era yo solo y empecé sin nada. Las cámaras de fotos y de vídeo eran mías, porque este destino no estaba catalogado y no se le daban medios".

Durante doce años estuvo sólo al frente de la oficina de comunicación de la Comandancia, "sin descansos ni vacaciones, porque siempre tenía que llevar el móvil y claro, suena en cualquier momento y hay que atender. Mi mujer, Chelo, me lleva aguantado lo que no está escrito", asegura. Desde hace ocho años le acompaña en la OPC Icíar Fernández, y "ya es otra cosa, porque nos turnamos en las guardias y ya se lleva de otra manera".

A lo largo de todos estos años de carrera profesional ha vivido el cambio del viejo cuartel al actual que acoge la Comandancia de Oviedo en El Rubín - "fue... pasar a otro mundo"-, pero también los avances tecnológicos. Así, de avisar a los periodistas de que tenían que pasar por su oficina si querían información evolucionó a hacer notas de prensa en la máquina de escribir, al fax, el ordenador, los correos electrónicos, el Whatsapp... "Lo del ordenador fue terrible. Aprendes haciendo y deshaciendo, no te queda otra".

Pero de lo que más le gusta hablar es de la cantidad de anécdotas que acumula en su memoria durante estos veinte años, aunque se niega a dar los nombres de los periodistas y de los medios a los que pertenecían. "Como aquel que llamó preguntando por un accidente. Le dije que el conductor del vehículo había muerto y la pregunta fue: ¿Le hicisteis la prueba de la alcoholemia? Sólo se me ocurrió contestar 'no, no quiso'".

Otra con la que todavía se ríe con ganas al contarla se produjo hace unos años, a raíz de un accidente muy grave con dos fallecidos y varios heridos. El conductor que causó el siniestro resultó herido leve, pero dio positivo en la prueba de alcoholemia. Así que se le trasladó al hospital y al día siguiente se le puso a disposición judicial. "Me llama una periodista y me dice: 'El juez le ha dejado en libertad. ¿Qué va a hacer la Guardia Civil?' Le expliqué que seguramente estaría en libertad con cargos y le habrían impuesto una serie de condiciones. Que nuestro trabajo ya había acabado al pasarlo a disposición judicial. Volvió a preguntarme qué iba a hacer la Guardia Civil, y volví a explicárselo. Así cuatro veces. A la quinta le dije que al día siguiente, a las diez de la mañana, habría un pelotón de fusilamiento en el helipuerto de la Comandancia para encargarnos del asunto. ¡Cuál sería mi sorpresa cuando a los diez minutos me llaman de la Delegación del Gobierno y me preguntan: '¿qué es eso de que mañana va a haber un pelotón de fusilamiento en la Comandancia?".

Una de las actividades que más le gusta es la de visitar colegios y asociaciones, "para acercar la Guardia Civil a los ciudadanos y que nos conozcan". Con especial cariño relata los encuentros con los integrantes de Plena Inclusión (antes FEAPS), por la ilusión con la que les recibieron y las preguntas que les plantearon estas personas con discapacidad intelectual.

Pero veinte años dan para mucho, y el veterano cabo primero también recuerda momentos de mucha tensión, como el que ha vivido recientemente con el caso del crimen de Arbón. "Desde que apareció el cuerpo de Paz Fernández en el embalse a primera hora de la tarde hasta las diez de la noche debimos recibir sólo en el móvil más de 120 llamadas. Fueron unos días terribles, porque los medios demandan información y no siempre podemos darla. No mentimos, pero hay cosas que no podemos contar y a veces eso genera algún roce".

Serafín Pérez Álvarez, hijo de guardia civil, entró en la Benemérita "por convencimiento" y llevándole la contraria a su padre, que le animaba a estudiar y dedicarse a otra cosa. Pero no se arrepiente. Al contrario, asegura que si pudiera continuaría trabajando, mientras piensa a qué va a dedicar las mañanas, porque eso sí, las tardes las tiene ocupadas con su nieta de tres años.

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