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La Guardia Civil en San Roque (VII)

Servicios meritorios San Roque

El artículo 6º de la “Cartilla del Guardia Civil”, aprobada por real orden de 20 de diciembre de 1845, cuyo CLXXV aniversario se viene celebrando este año, decía: “El Guardia Civil no debe ser temido sino de los malhechores, ni temible sino a los enemigos del orden. Procurará ser siempre un pronóstico feliz para el afligido, y que a su presentación el que se creía cercado de asesinos, se vea libre de ellos; el que tenía su casa presa de las llamas, considere el incendio apagado; el que veía a su hijo arrastrado por la corriente de las aguas, lo crea salvado; y por último, siempre debe velar por la propiedad y seguridad de todos.”

Si bien todos los artículos que componían el catecismo deontológico del benemérito Instituto, redactado por el duque de Ahumada en la hacienda villamartinense de “El Rosalejo”, constituyen una incontestable fuente de ética profesional, ninguno condensa tan perfectamente el espíritu de servicio como el citado.

Cuando la Gaceta de Madrid, en su edición del 11 de septiembre de 1851, refería la persecución del peligroso criminal apodado “Zamarra”, hasta su refugio en la colonia británica de Gibraltar, cuyas vicisitudes fueron relatadas en un capítulo anterior, “El Guía del Guardia Civil” publicaba nueve días después el siguiente comentario tras reproducir dicha noticia: “He aquí como responde la Guardia Civil a los que se atrevían a poner en duda su actividad en la persecución de estos malhechores. Bien que la mayoría, o mejor dicho, todos los españoles honrados están satisfechos de su celo y de los buenos servicios que presta al país”.

Dejando atrás otros brillantes servicios ya referidos también en capítulos anteriores, y que fueron encabezados por quien durante la primera década de  existencia de la Benemérita fue su máximo responsable en el Campo de Gibraltar, Juan Morillas de Casas, prosigamos con la cita de otros hechos destacados.

Unos de los sucesos que entonces con más frecuencia se solían repetir en el término municipal de San Roque eran precisamente los incendios, siendo en buena parte intencionados. Ello daba lugar a que la Guardia Civil pudiera poner en valor tanto su faceta policial como la benemérita. Uno de los primeros servicios relevantes de los que ha quedado constancia fue el publicado en el boletín oficial del Cuerpo el 21 de octubre de 1863.

Conforme se relataba en el mismo, los guardias Manuel Pulido e Ildefonso Ríos Lucena, pertenecientes al puesto de San Roque, no sólo coadyuvaron activamente a la extinción de un pavoroso incendio que se produjo en un monte de la localidad, sino que detuvieron y pusieron a disposición de la autoridad competente, “al paisano Pedro Gaviria Mateo, como autor del crimen”.

Un segundo incendio de importancia que también quedó registrado en el boletín correspondiente al 8 de septiembre de 1865, fue el que tuvo lugar entonces en la Sierra de Carbonera, donde el cabo 1º Genaro Pañeda Fanjul, con fuerza del puesto de San Roque a sus órdenes, contribuyó a sofocarlo.

Pero no siempre los incendios acaecían en montes y pastos, sino también en el interior de inmuebles de la localidad. Tal fue el caso del que sufrió la tienda de comestibles propiedad del vecino Manuel Esteban, que pudo ser extinguido gracias a la decidida actuación de los guardias civiles de San Roque liderados por el teniente José Giménez Álvarez y que fue publicado en el boletín del 24 de marzo de 1867.

Por supuesto también se destacaban brillantes servicios de carácter policial como por ejemplo el publicado en la misma página, donde la pareja compuesta por el ya mentado cabo 1º Pañeda y el guardia de 2ª clase Ramón Calvo, siguiendo la disposición del citado teniente Giménez, detuvieron a los paisanos Antonio Gómez Carrión y Antonia Martínez Piral. El motivo fue el hurto de una caja de madera que contenía gran número de alhajas de oro, verificado en la noche del 27 de febrero anterior a un platero de Paterna. Dicho servicio fue felicitado por el teniente general Rafael de Acedo-Rico Amat, a la sazón director general del benemérito Instituto.

Casi cuatro meses más tarde se difundía en el boletín del 8 de julio siguiente un nuevo servicio encabezado por el cabo 1º Pañeda, quien auxiliado por los guardias 2º José Ochoa y Gregorio Rosado, fueron detenidas y entregadas a la autoridad competente dos mujeres que habían acometido con cuchillos a un matrimonio de San Roque. El marido, Gaspar Giménez, había resultado herido de gravedad mientras que su esposa, María Herrera, las lesiones sufridas fueron de carácter leve.

El 16 de septiembre siguiente se publicaba en el citado boletín oficial que el reiterado cabo 1º Pañeda, auxiliado esta vez de los guardias 2º Pedro Álvarez y Francisco Corral, “pusieron bajo el fallo de la ley” a cinco individuos “por el delito de incendiarios”. En la misma página se daba cuenta también de la brillante actuación protagonizada por el guardia de 1ª clase José Álvarez y el mentado guardia 2º Pedro Álvarez, que detuvieron y pusieron a disposición judicial a un paisano llamado Manuel Sánchez, por su complicidad en la muerte violenta dada a un convecino suyo.

En el boletín del 8 de febrero de 1869 se dio cuenta de un importante servicio dirigido por el teniente José Taracido Leal, jefe de la Línea de San Roque, que culminó con la captura de un criminal llamado Juan Pina Rodríguez. Éste, había sido sentenciado a una condena de siete años de cárcel como autor de un asesinato perpetrado en octubre de 1867 y estaba fugado.

Dicho oficial tenía una dilatada vida militar y amplia experiencia en la persecución de delincuentes, habiéndose hecho eco la prensa en varias ocasiones de sus éxitos profesionales. Una de ellas fue precisamente en el periódico madrileño “La España”, correspondiente al 11 de mayo de 1853. Se relataba como en la mañana del 28 de abril, siendo entonces cabo 1º, acompañado de una pareja de guardias de su mando en el puesto de Vejer de la Frontera, habían capturado a un ladrón que dos noches antes había asaltado y robado en una choza de aquel término municipal, maltratando a la persona que habitaba en ella.

La pareja que le auxiliaba estaba compuesta por el ya mentadísimo Genaro Pañeda, que posteriormente sería destinado igualmente a San Roque, y el también guardia Eustaquio Molina. La víctima había tenido que ser trasladada al hospital por los propios guardias civiles debido al mal estado en que lo encontraron, “a causa de los golpes que recibió”.

El teniente Taracido permanecería al frente de la Línea de San Roque hasta 1871, año en el que pasó destinado a mandar la Línea de Tarifa. Allí sustituyó al alférez Julián Portilla de la Iglesia, que a su vez fue trasladado a San Roque. Casi tres lustros después, con motivo de la necrológica de aquél, publicada el 11 de julio de 1885 en el periódico madrileño “El Imparcial”, se destacaba “que prestó activos servicios en la persecución de los bandidos de la provincia de Málaga”, a donde había sido destinado tras su ascenso a capitán.

JESÚS N. NÚÑEZ CALVO

Coronel Guardia Civil y Doctor en Historia


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