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JON IÑARRITU EN LA GRANJA DE ORWELL

guardia civil

No es la primera vez que el diputado de EH Bildu y portavoz de la formación proetarra en el Congreso ha provocado y atacado a la Guardia Civil, Jon , como otros muchos, siendo representante de una parte de la sociedad, la parte más sucia, la más violenta, está condenado a ser decente, pero no lo consigue, es zafio, provocador, representa a esa parte de la sociedad en la puede más el odio que el buen hacer en política, un buen hacer que Iñarritu no tiene y lo viene demostrando.

Lo ocurrido el pasado jueves, es un episodio más de este personaje en su lucha contra la Guardia Civil, a la que odia por su lucha contra ETA, que no os engañen no tiene otros motivos más allá de blanquear a la banda asesina en el templo de nuestra democracia, y cargar contra la Guardia Civil para desligitimarla, y hacerlo en el propio Congreso de los Diputados, es una provocación que venía buscando y que le servirá para justificarse ante los suyos y alargarla en medios de comunicación, radio y televisión afines, un episodio que retrata al protagonista y al que le ha consentido la provocación convirtiéndola en inmoralidad, al diputado y al Ministro, al que se salta la ley y a quien le apoya, demostrando que la clase política está por encima de la ley y de las normas, que ciertos políticos gozan de total impunidad.

Nos vienen vendiendo la moto de que todos somos iguales ante la ley, una igualdad que Jon ha demostrado que no existe y que Marlaska ha ratificado con su injerencia en un servicio de la Guardia Civil para prevenir la pandemia.

En su cuenta de Twitter, el mismo jueves por la noche Iñarritu acusó a la Guardia Civil que lo paró en un control de tráfico de querer multarle, «por la cara» dice el diputado, para añadir que «Si lo hacen con un diputado, qué no harán con el resto de ciudadanos…», poniendo en entredicho la legalidad de las actuaciones de la Guardia Civil; conviene recordarle al diputado de EH Bildu dos cosas, la primera que la Guardia Civil no multa por la cara, en todo caso sanciona una irregularidad ante la autoridad competente que es quien le impondrá la sanción si esta existe y la segunda, que él mismo apoyó las medidas que se le iban a aplicar.

Miente el diputado porque él no es miembro de la Comisión de Sanidad a la que apelaba, es un cacique que en lugar de seguir los trámites, si es que considera la denuncia injusta, como hace cualquier ciudadano, es decir recurrirla, llama por teléfono al propio ministro de Interior, que levante la mano quien tenga el teléfono de un ministro para que le saque las castañas del fuego, que intercede ante la propia Dirección de la Guardia Civil y obliga a los agentes que se encontraban realizando la labor, que el propio ministro les había encomendado, a pedir disculpas por, simplemente acatar las órdenes y cumplir con su deber, quitándoles de un plumazo y a través de una llamada telefónica, el principio de autoridad en sus actuaciones. Es el tan manido “ustedes no saben quién soy yo”, o el también muy conocido y muy usado por los de siempre, caciques y políticos, “ahora mismo llamo a su jefe y...”.

Y ante esta injerencia vergonzosa desde el propio ministerio que debería velar por sus subordinados, cabe preguntarse, ¿Por qué el diputado Iñarritu puede transitar libremente por el territorio nacional cuando le plazca y no pueden hacerlo el resto de ciudadanos, por qué él sí y militares, policías y guardias civiles, que luchan cara a cara contra la pandemia, no pueden hacerlo, no pueden en algunos casos regresar a sus hogares, junto a sus familias y se les sanciona?

¿En que artículo del real decreto se especifica que a un diputado no se le debe exigir ningún documento que justifique su desplazamiento y un sanitario para desplazarse debe llevar impresa la autorización de su Hospital o de su Centro de Salud para no ser sancionado?

¿Por qué Jon Iñarritu puede circular con su credencial de diputado y un camionero, un repartidor, un albañil o un empleado de supermercado no pueden hacerlo simplemente con su carnet profesional?

¿Dónde pone que ser político, diputado o senador, debo decir que del montón de abajo, es un trabajo esencial para la sociedad en esta pandemia?

Lo que si pone y olvida el diputado, el ministro, el Secretario de Estado y al parecer la propia Presidenta del Congreso, es que en todo caso "la vuelta al lugar de residencia habitual debe estar justificada mediante documentación" y además, hasta nos han facilitado desde el propio Gobierno un modelo para hacerlo.

Lo que si pone son los vehículos que están autorizados a circular libremente por las carreteras durante el Estado de Alarma, entre ellos, vehículos sanitarios, policiales, de extinción de incendio, protección civil, mantenimiento, auxilio en carretera, distribución de alimentos, combustible, material sanitario, correos, servicios funerarios, recogidas de basura…, en ningún caso encaja el del diputado, ni siquiera en el último.

Pero además se establece que “cualquier otro vehículo que, no estando incluidos entre los anteriores, los agentes encargados del control y disciplina del tráfico consideren, en cada caso concreto, que contribuyen a garantizar el suministro de bienes o la prestación de servicios esenciales para la población”, no verían los agentes, en el caso del diputado, que su vehículo fuese a “prestar servicios esenciales para la población”, más bien lo contrario.

Y no, no voy a hablar de la rapidez del Ministro, del Secretario de Estado, de la Presidenta del Congreso, en interesarse por el agraviado, y en ordenar a los agentes que no denunciasen al diputado, la misma rapidez que les ha faltado a todos ellos por interesarse por la seguridad y la salud de los agentes y la de sus familias, hoy no toca, ya llegará el momento, o no. .

Nos está quedando un bonito panorama, y es que oyes hablar y quejarse a este tipo de políticos cuando algo que ellos mismos han decretado no les gusta que se les aplique y nos parece estar inmersos, como auténticos personajes, en la obra de Orwell, el sistema del caciquismo, de la tiranía social en la que se nos dice que “todos los animales somos iguales”, para poco a poco ir cambiando la norma para añadir y demostrar que unos animales, los cerdos, “son más iguales que otros”, es la demostración de que la obra de Orwell ha dejado de ser irónica para comprobar, como si de una pesadilla se tratase, que finalmente los cerdos gobiernan la granja, mientras las ovejas les siguen sumisas, tan sumisas que incluso cuando se genera una injusticia, siguen balando sus canciones felices y defendiendo a quienes las comete y les doblega cada día.

Viendo cómo actúa el diputado nacional del Congreso de España, Jon Iñarritu, viendo como exige el pago por los apoyos ofrecidos, como otros pagan esos favores poniendo en entredicho la labor de la Guardia Civil, no puedo estar de acuerdo con Pérez-Reverte cuándo decía en Patente de Corso en 2017, que estos tipos “…nos representan a todos, los decentes y también los corruptos y los guarros de ambos sexos…, los del usted y los de su señoría…, los que eructan su zafiedad y los de baja estofa…”, y no estoy de acuerdo porque a mí los que me representan son esos “españoles dignos y honorables”, de los que también habla el académico y escritor, entre los que están todos y cada uno de los guardias civiles que intentaron hacer cumplir la ley y las normas con el diputado Iñarritu, así como todos los guardias civiles, todos los policías y militares, todos los sanitarios y todos los ciudadanos decentes que cada día se exponen por nosotros para vencer esta epidemia; aunque hay algo de lo dicho por Pérez-Revierte que es cierto, “España es un vivero secular de pícaros y criminales, donde ser lúcido, valiente u honrado aparejó siempre mucha desgracia y gran desesperanza”, al menos a los que no nos consideramos “analfabetos sin criterio” en una España “grotesca y a ratos bajuna” nos queda la esperanza de saber que al menos la Guardia Civil vela por nuestra seguridad, a pesar de que sus irresponsables directos, hayan puesto en entredicho a los guardias civiles y hayan mermado el principio de autoridad de la Institución, simplemente por cumplir un pago indecente a costa de la credibilidad de la Guardia Civil.

Lamentablemente el ejemplo de impunidad crece y da la impresión de que los buenos tiempos en que ante la Ley, todos éramos iguales, no han de volver”, que decía Sabina.

Antonio Mancera Cárdenas


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