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Antonio y Mª Jesús

maria jesus

Antonio Mancera Cárdenas y Mª Jesús Carrascosa Ramírez eran y de algún modo siguen siendo una pareja ejemplar. Porque Mª Jesús en sentido estricto no ha muerto, sino que ha cambiado de residencia, tal como dijera el emperador Marco Aurelio a propósito de la muerte.

Antonio, María Jesús sigue contigo en el corazón y está de algún modo junto a ti, aunque no la veas, y junto a vuestros hijos. Decía Quevedo en “El Sueño de la Muerte” la siguiente frase, digna de recordarse por su lucidez: “lo que vosotros llamáis nacer es empezar a morir, lo que vosotros llamáis morir es acabar de morir, lo que vosotros llamáis vivir es morir viviendo”. Esto no lo puede comprender alguien que no sea creyente, pues el objetivo de morir es alcanzar la Gloria de Dios, tras una vida de entrenamiento en la Fe, la Esperanza y –sobre todo– en el amor. María Jesús fue una alumna aventajada y Dios no la hizo esperar más. Una alhaja como ella no tiene que seguir aguantando esta difícil vida de gustos y disgustos, éxitos y fracasos, en una contradicción permanente, esa en la que todos los que vivimos aún estamos.

Nuestra vida es una historia que nunca dice adiós, como reflexionara Eduardo Galeano: lo que dice siempre es un hasta luego. Porque algún día, cuando Dios quiera y disponga, volveréis a estar juntos toda la familia y de una manera bellísima: viviendo en ese Amor que solo Dios puede darnos. Eso debe enorgullecerte de Mª Jesús, su fortaleza en la Fe.

En estos momentos debes recordar, amigo Antonio, las palabras atinadas de Fyodor Dostoyevsky: “Cuanto más oscura es la noche, más brillantes son las estrellas; cuanto más profundo es el duelo, más cerca está Dios”. Jesús camina a tu lado, te acompaña cargando su cruz y tu, como Simón de Cirene, le ayudas, soportando igualmente el peso. Sufrís ambos, pero la recompensa es inmensa, infinita: la vida eterna. Y eso es precisamente lo que te está diciendo con su vida pasada tu esposa, María Jesús.

No te rindas, Antonio. Tu eres un hombre valiente, capaz de superarlo todo. Eso es indudablemente lo que tu mujer, desde el Cielo, te está diciendo: no te rindas. Y que tampoco se rindan vuestros hijos, que de ellos se acuerda su madre constantemente, como de ti. Nunca os separéis del amor que os une. Cada vez más unidos, cada vez más fuertes.

Finalmente quiero recordarte algunas cosas, cosas que para ti son importantes. El Círculo Ahumada está y estará siempre contigo. No lo dudes ni un solo instante. Tu trabajo ejemplar en el periódico y la revista te avalan como imprescindible y yo, personalmente, estoy muy orgulloso de ello. Recuerdo cuando nos conocimos en Toledo, en la Plaza de Zocodover, y la magnífica impresión que me causaste. Después nos hemos vuelto a ver en muchas ocasiones, pero ese primer destello lo guardo como algo importante. Tengo que reconocer que cuando el otro Antonio, nuestro Presidente del Círculo, me comentó la posibilidad de encargarte la dirección de la revista, le dije que no lo dudase un instante. Porque me informé acerca de tu persona y tu fama te precedía. Comprendo que María Jesús estuviese orgullosa de ti.

Estamos todos contigo: el Círculo Ahumada, tus compañeros de la Guardia Civil, el pueblo de Lillo, en Toledo, la familia. No te rindas, que tienes en el Cielo alguien que vela por ti.

Y si necesitas llorar, llora. Las lágrimas limpian el ánimo de malos deseos. En fin, estoy –como todos los demás– a tu lado. Un abrazo fuerte y otro a tus hijos. Descanse en paz Mª Jesús.

Francisco Hervás Maldonado

Coronel Médico (r)


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