Humildad, Nobleza, Lealtad y Honor frente a Soberbia, Inmoralidad, Humillación y Ultraje

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marlaska y perez de los cobos

Decía el filósofo Ramón Llull que “El que es leal eleva su mirada con humildad, y el que es desleal, con soberbia”.

Según afirma la sentencia de la Audiencia Nacional en el caso del cese del coronel De Los Cobos, "Lo que es indiscutible es que a pesar del deber legal de reserva y de la orden expresa de la Magistrada a la UOPJ, se cesó al recurrente por no informar del desarrollo de investigaciones y actuaciones de la Guardia Civil, en el marco operativo y de Policía Judicial, con fines de conocimiento", y el ministro de Interior y magistrado sabía, él mejor que nadie, del deber legal del coronel y de todos los miembros de la Guardia Civil del deber de reserva y de acatar las órdenes expresas dadas desde el poder judicial a la UOPJ de Madrid. El ministro de Interior sabía, él mejor que nadie, que el cese del coronel era ilegal y sin embargo dio la orden, el ministro del Interior sabía, el mejor que nadie, que no debería haberse pervertido nunca el Principio de Legalidad.

El Principio de Legalidad, es un principio fundamental en cualquier Estado de Derecho, y por lo tanto debe ser conforme a todo ejercicio de cualquier poder público y el mismo debería regirse por la ley vigente y su jurisdicción, no es un principio arbitrario que dependa de la voluntad de los políticos o de las personas. Un Estado debe atenerse a dicho principio y las actuaciones de sus poderes deberían estar sometidas a la Constitución y al imperio de la ley.

Cuando desde los poderes públicos, cuando desde el propio Gobierno se pretende pervertir el Principio de Legalidad, es cuando debe actuar la Justicia, y es esto lo que ha ocurrido en el caso de la destitución “por falta de confianza” del coronel Pérez De Los Cobos, ha tenido que ser precisamente la Justicia quien ha enmendado la plana al anteriormente magistrado y hoy ministro de Interior, que vine actuando más como político que como jurista.

Según se desprende de la sentencia, Marlaska podría haber prevaricado. Y es que el delito de prevaricación es un delito especial que solo puede ser cometido por una autoridad o por un funcionario público, como es el caso del señor ministro, que consiste en dictar una resolución arbitraria a sabiendas de que es  injusta. Dice nuestro Código Penal que el autor de esta conducta punible será penado con la inhabilitación de su cargo.

No esperamos que el ministro dimita, ni que el presidente del Gobierno lo cese, así que sólo nos queda esperar que sea la justicia la que condene e inhabilite al supuesto prevaricador. No, no esperamos dimisiones ni ceses ni por parte de un ministro, ni de un presidente que han antepuesto a la legalidad la discrecionalidad, dice la sentencia que da la razón al coronel que “La legalidad no puede ser arrinconada por la discrecionalidad. Por el contrario, las potestades discrecionales deben ejercitarse dentro de la legalidad”,

Deja claro por tanto la sentencia de la Audiencia Nacional que la legalidad prevalece a la discrecionalidad, y ha dejado claro el coronel que la lealtad, el acatamiento a las leyes y a las órdenes recibidas prevalecen a la prevaricación.

El coronel De Los Cobos se ha mantenido firme ante los ataques, firme frente a la discrecionalidad de los actos del ministro y del propio Gobierno, firme frente al descrédito al que han intentado someterle. Es la actitud del guardia civil que ha demostrado estar por encima del político, de los políticos endiosados, que se creían impunes.

No seré yo quien dude de la inteligencia del ministro Marlaska, pero tengo claro que ha hecho un juicio deformado de sí mismo, que le ha llevado a sentirse el centro del universo y que su entusiasmo le ha llevado a la idolatría personal.

No seré yo quien dude del magistrado Marlaska, pero tengo claro que el apetito desordenado de su propia existencia le ha llevado a la soberbia.

No seré yo quien dude del ministro y magistrado Marlaska, pero tengo claro que ha demostrado lo que en psiquiatría se conoce como una deformación de la percepción de la realidad de sí mismo, en su caso por exceso.

Soberbia a la que se le ha unido una vanidad y una altanería que normalmente, este tipo de enfermos quiere acrecentar con el elogio, la adulación, el halago, la coba, algo que no ha encontrado en los miembros de la Guardia Civil, mas dados a trabajar con lealtad, con neutralidad política y al amparo de la ley.

Y es que en esta ocasión y desde su llegada al ministerio en la relación que el ministro viene teniendo con la Guardia Civil, ha demostrado una animadversión especial al Benemérito Cuerpo, ha demostrado soberbia, arrogancia y desprecio hacia los guardias civiles y sus actuaciones.

Y aquí se ha dado con un muro, frente a la soberbia del político, el guardia civil ha mostrado humildad, pero además el coronel De Los Cobos, como buen guardia civil frente a la inmoralidad de un acto ilegal ha mostrado templanza, frente a la intemperancia, continencia, frente a la humillación, dignidad, frente a la vileza, nobleza, frente a la impudicia, decoro, frente a la deslealtad, lealtad, frente a la indecencia, decencia, frente al ultraje, honor.

Y así vemos al ministro, al magistrado metido a político, vestido con el traje de la soberbia, la vanidad, la arrogancia, el desprecio, la inmoralidad, la intemperancia, la bajeza, la vileza, la impudicia, la deslealtad, la indecencia…

Mientras vemos al guardia civil, haciendo gala de sus principios, los de todos los guardias civiles, con humildad, templanza, continencia, dignidad, nobleza, decoro, lealtad, decencia,… HONOR.

La sentencia es importante porque blinda al Cuerpo de injerencias políticas y acrecienta aún más la neutralidad política que siempre han venido demostrando los guardias civiles.

Mantiene Paulo Coelho, que “La lealtad no se puede imponer nunca por la fuerza o por la intimidación. Es una elección que sólo los espíritus fuertes tienen el coraje de hacer”. Y de lealtad entienden bien los guardias civiles y ha demostrado entender el coronel De Los Cobos, porque Lealtad y Honor van siempre unidos.

Al parecer desconoce Marlaska que ni Lealtad, ni Honor, ni ninguno de los principios y valores que presentan los guardias civiles, dependen de las circunstancias, de los políticos de turno o de la arrogancia, la soberbia o la vanidad de un ministro, sino de la permanencia de los principios.

Decía el historiador y político James Bryce, algo de lo que debería tomar nota nuestro ministro de Interior y es que “Nuestro país no es la única cosa a la que debemos nuestra lealtad. También se le debe a la justicia y a la sociedad”.

Antonio Mancera Cárdenas

Guardia Civil (R)

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