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Cinco rutas literarias para viajar por España

MOLINOS

Recorremos algunos de los escenarios de las novelas y sus escritores que han formado parte de la historia de la literatura española

Puede ocurrir que te pones a leer una novela y te acabas sumergiendo en su historia de tal manera que es como si hubieras estado allí. Te atrapa. Te mete en su mundo. Eso sucede cuando la ficción supera a la realidad. Y es que existen novelas que parecen más reales que la vida misma. A veces incluso los paisajes que leemos nos gustan más que los que vemos en vivo y en directo. La gran diferencia es el sentimiento que el autor o el personaje de la novela ha depositado en la historia que nos cuenta.La filosofa María Zambrano escribió que “una ciudad sin escritores queda vaciada de su esencia de ciudad”. Una ruta literaria justamente consiste en eso: en percibir ese sentimiento del autor que tanto nos ha emocionado en la novela. Pasearse por los mismos escenarios en los que se desarrollan las tramas, el lugar donde escribió la novela el autor o utilizar el tren en el que viajó la protagonista. Es interesante comprobar qué guarda nuestra memoria y contrastarlo con la cruda realidad. En ese sentido, hemos seleccionado 5 rutas por España basadas en novelas reales.

UNA CLÁSICA: ‘EL QUIJOTE’ EN AUTOCARAVANA

¿Qué se puede decir de la obra maestra de Miguel de Cervantes Saavedra que no se haya dicho ya? Para muchos es la ficción en prosa más importante de la literatura universal. Tal vez el contenido de este libro es un buen ejemplo de lo que decíamos antes: los campos de Castilla-La Mancha descritos por Cervantes son mucho más seductores que los reales. Si cerramos los ojos lo más probable es que seamos capaces de imaginar, incluso sin haberlos visto nunca, los campos sobre los montes áridos, las villas centenarias, senderos históricos, trigales extensos, molinos de viento, monumentos, olivos...

Tanto si la has leído como si no, podrás seguir los pasos del famoso hidalgo Don Quijote y su escudero Sancho Panza. Aunque el Patronato de Turismo de Castilla-La Mancha propone un recorrido de casi 2.500 kilómetros y 148 municipios, si tenemos poco tiempo, existe la posibilidad de hacer una ruta alternativa en autocaravana (de unos 600 kilómetros) visitando únicamente los lugares más emblemáticos de la novela: desde la ciudad de Toledo; el Campo de Criptana, en Ciudad Real, donde se levantan los famosos molinos; el Toboso, el pueblo de la amada Dulcinea; Almagro y su corral de comedias; y, cómo no, Argamasilla de Alba, el famoso lugar de cuyo nombre no quiso acordarse Cervantes y el castillo de Peñarroya. En este último pueblo, por cierto, se encuentra la cueva de Medrano, donde se dice que el escritor, estando preso, empezó a escribir El Quijote.

BARCELONA, LA CIUDAD DE LOS PRODIGIOS

Barcelona es una ciudad llena de historias. Ha sido escenario de escritores de la talla de George Orwell, Vázquez Montalbán, Bolaño o el poeta Gil de Biedma. Obras como La Catedral del Mar, La sombra del viento o Crónica sentimental en rojo nos conducen por distintas versiones de una ciudad en diversos momentos su historia. Pero hay una obra que es muy interesante porque describe la etapa histórica en el que la ciudad se hizo grande. Fue entre los años 1888 y 1929, entre las celebraciones de las dos exposiciones universales, cuando se levantaron edificios, parques e incluso barrios como el Eixample de Ildefons Cerdà.

La obra es La Ciudad de los Prodigios y el autor, Eduardo Mendoza . Se trata de una novela especial, única y tremendamente personal. Publicada en 1986, su protagonista Onofre Bouvila, un campesino original de los Pirineos, abandona su pequeño pueblo y nos conduce por una Barcelona en plena transformación: desde la plaza Catalunya, nexo entre la Barcelona antigua (Ciutat Vella) y la nueva (el Eixample), el paseo de Gràcia, Via Laietana y la demolición de sus viejas murallas, o el mercado del Born, que fue el primer edificio de hierro que se construyó en la ciudad. Por último, la novela de Mendoza también cubre los parajes de la montaña de Montjuïc, donde se llevó a cabo la Exposición de 1929.

LA GRANADA DE LORCA

Probablemente nadie ha buceado en la esencia de Granada como lo hizo Federico García Lorca en sus versos. Hay pocos rincones de la ciudad por los que no ha pasado la entrañable mirada de este mítico poeta: callejuelas, plazas, casas, iglesias... De hecho existen no una, sino varias rutas lorquianas que recorren Granada: la que transita por los pueblos de Fuente Vaqueros y Valderrubio, el primer hogar del autor; la de Viznar y Alcafar, que es donde se halla el olivo y el monolito donde pasó sus últimos momentos antes de morir, o incluso una ruta en tren por Valderrubio, donde está su casa natal.

Sin embargo, una de las rutas más apasionantes y que nos permite conocer más a fondo el alma de Lorca es la que nos guía por la ciudad de Granada y nos muestra los vínculos con su obra. Son unos 6 kilómetros de longitud y está compuesta por lugares tan emocionales como la Huerta de San Vicente, donde pasó varios veranos de su infancia y trabajo en los poemas de Bodas de Sangre o Romancero Gitano; el rinconcillo, donde Falla, Lanz, de la Serna y el mismo Lorca practicaban el arte de la tertulia de café, o el mirador de San Nicolás cuyas vistas tanto inspiraron a este grandísimo poeta.

GALDÓS 2020 EN MADRID

Hay veces que una muerte trae buenas noticias. El centenario del fallecimiento de Benito Pérez Galdós es una de ellas. Aunque nació en Las Palmas de Gran Canaria en 1843, puede que sea uno de los escritores que más vínculo han establecido con la capital española, ciudad a la que llegó a los 19 años para estudiar. Tal era su conexión que Valle-Inclán comentaba de sus novelas que “olían mucho a cocido”, el plato típico madrileño, de ahí que lo apodaran (a Benito) “garbancero”. Madrid, sin duda, es uno de los protagonistas principales de los libros de Galdós. Aseguran que describía con tanto detalle la ciudad de Madrid que sus novelas eran como callejeros costumbristas de la época. Iba de café en café, de tertulia en tertulia. Uno de los puntos de encuentro e inspiración era el restaurante Lhardy, en el 8 de la carretera de San Jerónimo.

Hoy es posible pasear por los escenario de novelas como Fortunata y Jacinta, su novela más popular. La plaza de Pontejos, detrás de la Puerta del Sol, es donde residía la familia burguesa de Jacinta, mujer de Juanito Santa Cruz, y la cava de San Miguel, junto a la plaza Mayor, era la de la humilde amante Fortunata. La ruta de Galdós nos define con mucha precisión la forma de ser de los madrileños en esos años y los escenarios más representativos donde se sucedían las vivencias de los personajes galdosianos: la plaza de los Guardias de Corps, plaza de las Comendadoras, calle Quiñones, iglesia de Montserrat, plaza Dos de Mayo, calle de la Palma, calle Santa Lucía, el teatro Lara, calle Pozas y calle Pez.

TRAS LOS PASOS DE HEMINGWAY POR EUSKADI

Durante la década de 1920, el escritor estadounidense y premio Nobel de literatura Ernest Hemingway quedó seducido por los paisajes del País Vasco para el resto de su vida. Desde entonces, mantuvo una relación muy estrecha con el norte de España: con la pesca, el mar Cantábrico, el vino y en general la gastronomía, la pelota vasca y el carácter directo y bondadoso de los vascos. Todo encajaba con su personalidad. En 1926 se publicó la novela Fiesta, cuyo borrador terminó en San Sebastián, y su vida literaria acabó prácticamente en Bilbao en 1960, donde escribió las páginas finales del ensayo El verano peligroso, que dio por finalizada su carrera literaria. Se suicidó en 1961 de un tiro en la cabeza.Recientemente la oficina de turismo de Euskadi ha puesto en marcha una ruta de seis etapas llamada The Hemingway Basque Route en la que es posible explorar el País Vasco con los ojos (y el alma) del novelista americano. Sobre todo los lugares donde estuvo, los que le inspiraron o que simplemente menciona en alguno de sus libros. Por ejemplo, alguna de las etapas nos lleva por varios parajes de la novela Fiesta como San Sebastián, la bahía de Txingudi, Hondarribia, Hendaya o Irún, o bien el tramo entre Bilbao y Vitoria, que en tantas ocasiones recorrió Hemingway, y que continúa intacto, y que le inspiró para narrar El verano peligroso.

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