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Del futbolín a la grapadora: 10 grandes inventos 'made in Spain'

FUTBOLÍN

Más allá de la fregona o el submarino, hay muchos ingenios con marca española que seguimos utilizando en nuestro día a día

España es tierra de grandes inventores. Algunos de ellos tan sobresalientes como Leonardo Torres Quevedo, inventor del teleférico; Isaac Peral, creador del submarino; Juan de la Cierva, ideólogo del autogiro o Manuel Jalón, padre de la fregona. Cuatro genios patrios que contribuyeron a cambiar la historia para siempre.

Pero el número de aportaciones 'made In Spain' que han servido para mejorar nuestras vidas no acaba, ni mucho menos, con estos cuatro inventos. Un buen ejemplo de ello es la silla de ruedas. Porque si bien es cierto que existen evidencias de que ya en el siglo VI A.C. se colocaban unos pequeños ruedines en algunas sillas, también lo es que no fue hasta 1595 hasta que se fabricó la primera silla concebida únicamente para transportar personas con movilidad reducida. Una ayuda técnica que la corte real española creó expresamente para el Rey Felipe II, enfermo de gota.

No menos importante fue la invención de la jeringuilla desechable por parte de Manuel Jalón, el mismo español que creó la fregona en 1956. Dos décadas después presentar su revolucionaria herramienta para limpiar el suelo, y partiendo de la jeringuilla con pistón de Charles Gabriel, el riojano decidió fabricar una nueva, en esta ocasión formada por dos piezas de plástico, dando lugar así a la primera jeringuilla de usar y tirar.

Como Jalón, Leonardo Torres Quevedo también firmó varios inventos que supusieron un antes y un después en nuestra historia. Además del mencionado teleférico o del dirigible, el cántabro presentó en 1903 el primer aparato de radio-dirección del mundo: el Telekino. Un dispositivo que permitía ejecutar órdenes sin cables y que está considerado como el primer mando a distancia.

Un cuarto de siglo antes, en 1878, el gallego Ramón Verea, siguiendo los pasos del prolífico Torres Quevedo, inventor del aritmómetro electromecánico y del francés Blaise Pascal, padre la primera calculadora mecánica, creó la primera calculadora mecánica capaz de realizar las cuatro operaciones aritméticas básicas (suma, resta, división y multiplicación).

Otro de esos inventos que vieron la luz para aliviar los quehaceres diarios de los monarcas europeos fue la grapadora. En este caso el precursor fue el Rey Luis XVII de Francia, quien encargó a un inventor vasco que ideara algo para coser sus documentos y organizarlos. Su creación, ya en el siglo XX, sirvió de base para la fabricación de los nuevos modelos de grapadora que utilizamos hoy en día.

Ya en 1935, el granadino Emilio Herrera Linares presentó la escafandra estratonáutica. Un traje que permitía viajar con seguridad por la estratosfera y que está considerado como el primer prototipo de traje espacial. Gracias al trabajo del andaluz, años más tarde se pudieron diseñar los nuevos modelos presurizados que fueron utilizados para las misiones en órbita.

Aunque muchos no lo saben, el artilugio que anticipó el libro electrónico fue obra de una española. Concretamente de Ángela Ruiz Robles, quien en 1949 creó la enciclopedia mecánica. Un dispositivo con circuitos eléctricos y bobinas automáticas que permitía crear textos en diferentes idiomas y que se podían leer digitalmente. Algo más de medio siglo después, inspirado en la creación de la gallega, llegaría el primer e-book.

Un poco antes, concretamente durante la Guerra Civil española, se fabricó el primer cóctel molotov. Un arma antitanques de fabricación casera que todavía hoy se sigue utilizando en multitud de conflictos a lo largo y ancho del globo. Curiosamente su nombre no lo acuñó ningún combatiente español. Según recogen los libros de historia fue un soldado finlandés el que, unos años más tarde, en plena Guerra de Invierno contra Rusia, decidió bautizar a esta rudimentaria bomba con el nombre del entonces ministro de exteriores soviético Vyacheslav Molotov.

En plena Guerra de España, un escritor republicano, Alejandro Campos Ramírez, patentó el primer futbolín. Un juego de mesa futbolero inspirado en el ping pong al que no pudimos jugar hasta 1952, año en el que el gallego, ya exiliado en Guatemala, encontró por fin un socio para poder fabricarlos en serie.

Si bien no hay ninguna duda de que la paella, la tortilla de patata o los churros son un invento patrio, muy pocos saben que una bebida tan internacional como el chocolate caliente es otra de las muchas aportaciones españolas a la gastronomía mundial. Tal y como consta en distintos documentos históricos, el primero fue elaborado por un grupo de conquistadores españoles destinados a tierras mexicanas. Estos, tras degustar un brebaje amargo de cacao que degustaban a diario los aztecas, decidieron mejorar la receta calentándolo con caña de azúcar. Ya en nuestro país, se cree que el primer chocolate a la taza se elaboró en el Monasterio de Piedra de Zaragoza, de donde se expandiría a todo el país en muy poco tiempo.

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