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La Guardia Civil en Cuba: Creación, servicios y uniformidad en el siglo XIX

Cuba 1893

Antecedentes históricos    Los Tercios de la Guardia Civil correspondientes a ultramar siguieron en su creación a los de la metrópoli. Y la historia se repite , su fama la precede. Esta vez con el Conde de Alcoy, quien a comienzos de 1848, al hacerse cargo del mando de la isla de Cuba como Capitán General, observa el anarquismo que existe en el sistema empleado para el mantenimiento del orden público la ineptitud del personal sobre quien recaía la responsabilidad y custodia de velar por la seguridad, la vida y hacienda de los habitantes de la isla; solicitó de todas las autoridades y corporaciones públicas de la misma los correspondientes informes, mientras él redactaba una meditada y extensa memoria en la que exponía las motivaciones que le inducían a solicitar la creación de una Guardia Civil insular, que tan exitosa estaba resultando en la metrópoli.

    Esta Memoria es remitida un año después al Gobierno de Madrid, en la que se proponía, entre otras cosas, que la Guardia Civil se distribuiría en Puestos por los pueblos y caseríos rurales, y además la creación de un "Tercio" mandado por un Coronel, un Teniente Coronel, un Segundo Jefe, integrado por una Plana Mayor y 10 Compañías Mixtas con un total de 1.500 hombres, de los cuales 1.000 serían plazas montadas. En cuanto a uniformidad y armamento, el primero debería ser sencillo, lo más parecido posible al de la Guardia Civil peninsular, pero con el típico “jipi-jape", en sustitución del sombrero utilizado en España, y por lo que respecta al armamento, solicitaba para todos el fusil y, además, sable y pistola para las plazas montadas. La valoración de esta memoria se calculaba en 12.000.000 de reales.  No recibió contestación. La gloria, le estaba reservada al Teniente General don José Gutiérrez De La Concha, Marqués de La Habana, quien en el año 1851 salió de la Península, como Capitán General de la Isla, decidido a organizar e implantar de una manera definitiva la Guardia Civil en el territorio.    Al hacerse cargo del mando en diciembre de dicho año, encargo al Comandante de Infantería don Agustín Jiménez Bueno, que a su vez fue Capitán del Cuerpo en la época fundacional, la redacción de un proyecto de organización de un "Tercio en comisión de la Guardia Civil", cuyo mando estaría bajo su cargo. Los Oficiales y Tropa se seleccionarían de los Regimientos del Ejército de la Isla, sin causar baja en ellos, pues serían destinados sólo “en comisión" a dicho Tercio. Para plantilla se proponía una Plana Mayor, tres Compañías para Infantería y tres para Caballería. Este nuevo proyecto, como el primero, quedo también aparcado en los despachos ministeriales. Provisionalmente, el General De la Concha, y bajo su responsabilidad, creó una “unidad piloto" de la Guardia Civil insular.El 20 de junio de 1854, por Real Orden, se aprobó “legalmente" la organización de la Guardia Civil en la referida isla antillana.
    Dentro de los innumerables servicios que realizaron los componentes del Cuerpo en la isla, cabe destacar el que se reseña a continuación, obviamente las “reglas del juego” no son las mismas que cuando se dedicaban exclusivamente al orden público.
Año 1895. Puesto de Dolores. Provincia de Cienfuegos    El 24 de febrero de 1895 con el "Grito de Oriente" (antes conocido como Grito de Baire) se produjo el levantamiento simultáneo de 35 localidades , que terminaría con la pérdida de “la Gran Antilla”, entre otras posesiones de ultramar, en 1898 tras la intervención directa del ambicioso e incipiente imperio estadounidense del presidente William McKinley.En el Pueblo de Dolores, provincia de Cienfuegos, alrededor de trescientos insurrectos cubanos, mandados por el cabecilla rebelde Rojas Fulero, entran en el poblado dirigiéndose hacia el pequeño fortín que servía de Puesto de la Guardia Civil, única guarnición del lugar, compuesta de apenas 11 guardias civiles, pero estos insurrectos desconocían de “que pasta” estaban hechos.Los rebeldes envían una carta en la que les conminan a rendirse, que decía textualmente (sic):"Señor Comandante de Puesto de la Guardia Civil de Dolores: Muy señor mío, por orden Superior y que bajo ningún pretexto puedo dejar de cumplir tengo que tomar el fuerte que usted ocupa mañana a las nueve sin falla. Yo para no cometer un acto infame y dar muerte "terrible" a ustedes, que serán víctimas de su Gobierno, les advierto esto, para si quieren entregarse sin formar combate y librarse de perecer todos si se oponen al rendimiento. Usted, si se entrega y quiere pasar a nuestras filas, obtendrá el grado de Sargento primero, y en buena paz y unión le ofrezco la mayor consideración y hermandad. Y si se oponen será destruido el fuerte por cuatro bombas de dinamita y 300 hombres que, a las nueve próximamente, los tendrán sitiados. La contestación la espero enseguida. Queda de usted con consideración.El Capitán José María Rojas Fulero. Por orden, el ayudante, C. Crespo".     El Guardia de Segunda Santa Eulalia, que ejercía de Comandante de Puesto, contestó a Rojas con otra carta con la siguiente respuesta:     "Señor don José M. Falero, muy Señor mio: Enterado de su atenta carta, debo de manifestar que yo soy muy español y sobre todo pertenezco a la Benemérita Guardia Civil, y que habiéndome mis dignos jefes honrado con el mando de este Destacamento prefiero mil veces la muerte que yo serle traidor a mi patria y olvidar el juramento de fidelidad que presté a la gloriosa bandera española, en cuya defensa derramaré hasta mi última gota de sangre antes de cometer la vileza de entregarme con vida a los enemigos de España y de mi Rey. El ascenso que me proponen para nada lo necesito, pues estoy orgulloso de vestir el uniforme de Guardia Civil y soldado y mi mayor gloria seria morir con él. Mis jefes también saben premiar a los que saben defender su honra, y así es, que reunido con todos mis dignos compañeros, rechazamos con energía todas vuestras predicaciones y amenazas, y estrechados como buenos hermanos y como defensores de este pedazo de terreno gritamos, pero muy alto, para que ustedes lo oigan: ¡Viva España!, ¡Viva nuestro Rey!, ¡Viva la Guardia Civil! Aquí estamos dispuestos a morir, vengan cuando gusten a tomar el pueblo, para que lleven su merecido. Dolores, 27 de octubre. El Guardia de segunda Cándido Santa Eulalia".     Sorprendido por la respuesta de aquel aguerrido Guardia 2º al mando de tan escasa guarnición, frente a la desproporcionada relación entre ellos y los  rebeldes que rodeaban su posición, el cabecilla Rojas les hizo llegar un último mensaje:
"Amigo mío: Me gusta tratar siempre con el hombre valiente y caballero. Yo tengo una orden superior para que hoy sin falta tome el fuerte y cumplir lo mandado contra ustedes; pero al ver hasta donde llega su educación y valentía, dejo por hoy de cumplir mi deber, y haré además desistir a mis jefes de cometer este acto que es infame por que ustedes nobles españoles, no harán más que cumplir como los héroes de vuestra patria.Yo trataré de dar mis excusas y buscar los medios que estén a mi alcance para cuanto pueda en bien de vosotros. Ruego a usted que dispense; desde hoy, como defensores de una idea seremos enemigos, pero en lo tocante a nuestra personalidad, puede usted contar con un buen amigo y servidor, el capitán José María Rojas Falero. Por O.el ayudante, C. Crespo“.Poco se puede añadir a tan sublime respuesta y acto heroico, tan solo recalcar que llevaron el artículo 1º de La Cartilla a su máxima expresión "EL HONOR HA DE SER LA PRINCIPAL DIVISA DEL GUARDIA CIVIL, DEBE POR CONSIGUIENTE CONSERVARLO SIN MANCHA, UNA VEZ PERDIDO NO SE RECOBRA JAMÁS"UNIFORMIDAD EN LA GRAN ANTILLA 
Uniformidad del Instituto y la de Infantería, nótese la similitud.
 

Descripción

    El uniforme de la Guardia Civil fue el clásico dril de "rayadillo” o “de mil rayas”, con cuello y bocamangas de color encarnado, por esto le llamaron, sobre todo los bandoleros y maleantes, pero también popularmente "mangas coloradas", "mangas punzó" y "carpinteros", esto último por recordar la similitud al plumaje de los pájaros carpinteros.

Como prenda de cabeza llevaban el "chambergo" o "jipi-japa", con galón blanco y fieltro gris, y "escarapela”, con la Bandera Nacional en el borde alzado del ala.

El cinturón era de cuero amarillo con chapa metálica de latón. En el uniforme de paseo, las “mil rayas" eran grisáceas. Para gala, el vestuario era de tejido fino -no dril-, azul oscuro. La oficialidad llevaba galones plateados en el "chambergo” y bocamangas.

Fuentes abiertas.

Por Antonio Sánchez, Historiador y Guardia Civil (A).


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