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La historia de la Virgen del Pilar, patrona de la Guardia Civil, patrona de la Hispanidad

Virgen Pilar Colegio

Fue Su Majestad el Rey Alfonso XIII quien firmó la Orden por la que se proclamaba Patrona de la Guardia Civil a la Virgen, en su advocación del Pilar. El pasado 8 de febrero se cumplieron, por tanto, cien años desde este hecho.

Hoy 12 de octubre se celebra la festividad de Nuestra Señora del Pilar, primera aparición mariana de la historia cristiana, impulsora de la Evangelización de los pueblos hispanos, cuya unidad se recuerda este mismo día. 

La veneración a Nuestra Señora del Pilar y la Evangelización de España, son dos fenómenos fuertemente vinculados, pues fue en la ciudad celtíbera de Caesaraugusta, hoy conocida como Zaragoza, donde se erigió el primer templo mariano de la cristiandad, tras la aparición que la Virgen María hizo al apóstol Santiago a orillas del río Ebro.

La singularidad de esta aparición viene en que la Santísima Virgen seguía habitando Tierra Santa bajo la protección del apóstol San Juan, tras la muerte y resurrección de su Hijo, y en fechas anteriores a su Asunción al Cielo. Según la Magna Moralia de San Gregorio Magno, escrita en el siglo VI, y cuyas copias del siglo XIII se conservan en la actualidad, el conocimiento de la aparición de la Santísima Virgen al apóstol Santiago el Mayor y a sus ocho acompañantes, estaba ya muy difundido desde épocas muy antiguas por toda la cristiandad.

Según recoge San Gregorio, el apóstol Santiago fue a despedirse de la Madre de Dios, quien se encontraba bajo la protección de su hermano Juan, antes de partir a Evangelizar a los pueblos paganos celtíberos de la provincia romana de Hispania Tarraconensis. En esa ocasión, la Virgen María le prometió al apóstol que allí donde más gentes se convirtieran a la palabra del Señor, allí Ella se manifestaría.

Un templo en ese lugar

Santiago partió a lo que él habría conocido como Iberia, por su nomenclatura griega, y habiendo predicado en las tierras de los astures y los galaicos, recorrió las llanuras espartarias hasta llegar a la ciudad de Caesaraugusta, donde su predicación consiguió la conversión de muchos paganos a la Fe Verdadera. Encontrando una gran resistencia en la conversión de las almas para el Señor, el apóstol se entristeció por no haber convertido más que a un hombre en las tierras de los astures, y a ocho en Caesaraugusta. Sin dejarse vencer por la tentación de la desdicha, Santiago siguió predicando, buscando los momentos de oración en compañía de los ocho nuevos cristianos, quienes se retiraban por las noches a orillas del río Ebro a descansar y hablar acerca de Nuestro Señor.

Fue una noche de enero del año cuarenta, mientras que Santiago y sus discípulos se encontraban en oración, que escucharon el canto de los ángeles, que clamaban “¡Ave Maria Gratia Plena!”, y tras ellos venía la Madre de Dios, levantada sobre una columna de jaspe. La Virgen María se dirigió a los cristianos, pidiéndoles que le construyeran un templo en ese lugar, el cual prometió que se preservaría hasta el fin de los tiempos, sirviendo de fortaleza de la Evangelización para la conversión de las almas a la Salvación Eterna.

En ese momento, Santiago y los cristianos de Caesaraugusta, erigieron un pequeño templo de adobe dedicado a la Virgen, el cual sería motivo de numerosas peregrinaciones, y donde se reunirían para rezar, atrayendo a muchos a su causa. Más tarde, Santiago volvió a Jerusalén, esperando reencontrarse con la Santísima Virgen, glorificándose en el martirio hallado durante la persecución de Herodes Agripa. Más tarde, su cuerpo fue recuperado por sus discípulos hispanos, quienes lo enterraron en Iria Flavia.

Para los cristianos de Caesaraugusta, el pequeño santuario de la Virgen del Pilar, se fue convirtiendo en un importante centro de cristianización, consiguiendo ser sede de una diócesis en el siglo III, durante la persecución de Diocleciano. Desde el Pilar de Zaragoza, se salió a Evangelizar todas las provincias de Hispania, convirtiendo a pueblo y reyes por igual. La invasión visigoda trajo consigo la herejía del arrianismo, pero desde el Pilar se rogó por la conversión de los reyes visigodos al catolicismo, la cual se logró en la persona de Recaredo I en el siglo VI.

Bula Mirabilis Deus

Un nuevo templo visigótico fue el testigo de la invasión musulmana del siglo VIII, aunque la diplomacia consiguió su supervivencia, trasladando la sede catedralicia al santuario mariano, llamado entonces de Santa María la Mayor. La ciudad de Caesaragusta, llamada Saraqusta por los musulmanes, vivió grandes cambios durante la dominación islámica, siendo necesario el pago de tributos para poder profesar la religión católica, así como una dura persecución y prohibición de construir nuevas iglesias. Al Templo de Santa María la Mayor se trasladaron gran parte de las reliquias de las iglesias vecinas, siendo de especial relevancia el cadáver de San Vicente.

La reconquista de Zaragoza, encabezada por el vizconde Gastón IV de Bearne en 1118, le consiguió recibir de manos del rey de Aragón, Alfonso I “el Batallador”, el señorío de Zaragoza, y con ello el patronazgo del Templo del Santa María, que se encontraba en un estado ruinoso, según atestiguó el entonces obispo de Zaragoza, Pedro de Librana.

En 1296, el Papa Bonifacio VIII emitió la bula Mirabilis Deus, en la que exhortaba  a los fieles a colaborar con el proyecto de reconstrucción de la iglesia presentado por el obispo Hugo de Mataplana, quien había propuesto agrandarla y convertirla al estilo gótico. Aunque el obispo Mataplana falleció en Roma antes de ver promulgada la bula, fue uno de sus sucesores, el arzobispo Don Alfonso de Aragón, hijo del Rey Católico Don Fernando II de Aragón, quien consiguió finalmente la financiación y ejecución del proyecto.

En el siglo XVI, el Papa Clemente VII fusionó los cabildos del Pilar y de la Seo de Zaragoza para evitar problemas de jurisdicción, y el Templo de Santa María la Mayor fue transformado nuevamente al estilo gótico-mudéjar.

En 1642, dos años después del Milagro de Calanda, en el cual una pierna le fue restaurada a un cojo tras pedir la intercesión de la Virgen, el Ayuntamiento de Zaragoza concede el patronazgo de la ciudad de la Virgen del Pilar. En 1678, el Rey Carlos II de España declara a la Virgen del Pilar patrona del Reino de Aragón, por instancias del virrey Duque de Segorbe y Cardona, Don Pedro Antonio Folch de Cardona y Enríquez de Mendoza, más conocido como Pedro Antonio de Aragón.

En 1670, el hermano natural del rey Carlos II, Don Juan José de Austria, promovió la siguiente reforma del Templo de Santa María al estilo barroco, proyectándose por Francisco de Herrera “el Mozo”. La primera piedra fue colocada en 1681 por el arzobispo de Zaragoza, Diego de Castrillo, y la inauguración del nuevo templo se llevó acabo en 1718.

En 1751, el Rey Fernando VI de España aprueba el proyecto del arquitecto Ventura Rodríguez para reedificar la capilla barroca de la Virgen del Pilar, dentro del Templo de Santa María. Las obras no fueron completadas hasta el año de 1872, debido a las múltiples guerras y conflictos ocurridos durante el siglo XIX.

Durante la invasión francesa, ocurriendo los famosos Sitios de Zaragoza, los defensores de las ciudad se refugiaron en el inacabado Templo de Santa María, donde fueron bombardeados por los franceses, causando grandes estragos en las inmediaciones del templo. Sin embargo, una bomba caída dentro de una de las capillas no explotó milagrosamente. Los sitios finalizaron, y con ello las obras del templo.

En 1872, al finalizar las obras, el Templo de Santa María fue consagrado como Basílica de Nuestra Señora del Pilar, dignificando así las gracias que la Santísima Virgen quiso derramar al apóstol Santiago y al pueblo evangelizado por el discípulo.

En el año 1905, un grupo encabezado por la reina Doña María Cristina de Habsburgo-Lorena, consiguió el apoyo del Papa San Pío X para celebrar la coronación canónica de la Virgen del Pilar, llevada acabo el 20 de mayo de ese año. Un Real Decreto promulgado por Alfonso XIII el 8 de octubre de 1908, concedió la Virgen el título de Capitán General, colocándosele el fajín y manto al año siguiente.

El 3 de agosto de 1936, la Basílica de Nuestra Señora del Pilar fue bombardeada durante la Guerra Civil por el bando republicano. Ninguna de las tres bombas que cayeron sobre la basílica lograron explotar, corroborando la promesa de la Virgen de permanecer ahí hasta el fin de los tiempos.

La Virgen del Pilar, asume los patronazgos de la ciudad de Zaragoza, del Reino de Aragón, de la Hispanidad, de la Guardia Civil, entre muchos otros.

Pero, ¿por qué se decidió que fuese la Virgen del Pilar la patrona del benemérito Cuerpo? Hay quienes dicen, y así lo publica la Guardia Civil en su página web, que el primer capellán castrense que tuvo el Colegio de Valdemoro, Miguel Moreno Moreno, instaló, en la capilla del centro, una imagen de la Virgen del Pilar.

Fue en septiembre de 1864 cuando el páter Moreno, a través de esa imagen, comenzó a introducir entre los jóvenes alumnos del Colegio la devoción y amor a la Virgen. Una disposición, recogida en el Boletín Oficial del Cuerpo del 24 de septiembre de ese mismo año, nombró patrona del Colegio de Guardias Jóvenes a la Virgen del Pilar.

Con el tiempo, esa devoción se fue extendiendo por toda la geografía nacional. Tal fue la advocación que los guardias civiles le profesaban a la Pilarica que, el 7 de enero de 1913, el director general del Cuerpo, general Aznar, solicitó al Rey la proclamación oficial de la Virgen del Pilar como patrona de la Guardia Civil.

La orden, como se ha dicho al principio, fue firmada con fecha de 8 de febrero. En ella constaba lo siguiente: Visto el escrito que el Director general de la Guardia Civil dirigió a este Ministerio el día siete del mes pasado, y teniendo en cuenta el favorable informe del Provicario general Castrense, el Rey (q. D. g.) se ha servido declarar patrona de la Guardia Civil a Nuestra Señora la Virgen del Pilar.

La aprobación de la Real Orden de 8 de febrero de 1913 conllevó la publicación de una Orden General del Cuerpo tan sólo diez días después. En ella, el director general establecía los principios generales de lo que habría de ser la festividad para los guardias civiles: “Una fiesta del compañerismo, en la que los componentes de cada acuartelamiento se reúnen para rezar por sus compañeros caídos en acto de servicio y por el duque de Ahumada, organizador y primer inspector general del Arma.

En cuanto a la historia de esta emblemática virgen, diversos documentos hacen constar, textualmente, que el apóstol Santiago, paseando por Asturias, llegó con sus nuevos discípulos, a través de Galicia y de Castilla, hasta Aragón, el territorio que se llamaba Celtiberia, donde está situada la ciudad de Zaragoza, en las riberas del Ebro.

El 2 de enero del año 40, Santiago se encontraba con sus discípulos junto al Ebro cuando escuchó voces de ángeles que cantaban Ave, María, gratia plena, y vio aparecer a la Virgen, de pie sobre un pilar de mármol. La Virgen, que aún vivía, le pidió al Apóstol que se le construyese allí una iglesia, con el altar en torno al pilar donde ella estaba de pie. Desapareció la Virgen y ahí quedó el pilar. Y el Apóstol Santiago y los ocho discípulos que presenciaron la aparición comenzaron a edificar una iglesia en aquel sitio, lo que hoy es la Basílica del Pilar.


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