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UN MODELO DE CIVILIDAD

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En estos tiempos de miseria, los miserables campean a sus anchas. Nos hallamos en medio de un tornado histórico que amenaza con voltear y acabar con siglos de historia de esa gran civilización occidental que ha conseguido los mayores niveles de desarrollo, riqueza y prosperidad que el mundo haya contemplado jamás.

La izquierda neocomunista global, despreciando nuestro legado centenario, manipulando el pasado, arrinconando el presente e imponiendo un futuro en negro, trata de alumbrar un gran paraíso socialista en el que los individuos no existen, donde las masas son empoderadas, los sexos difuminados, las naciones arrasadas, nuestros valores dinamitados, nuestras tradiciones ridiculizadas, el conocimiento despreciado, la ignorancia recompensada y la cultura es dejada en manos de los más brutos y fanáticos del lugar.

Presuntos intelectuales progresistas comienzan ya a teorizar barbaridades sobre cuándo será necesario y justo poner punto final al debate político con quienes no somos de izquierdas, y lo que vendrá después será, otra vez, la justificación comprensiva de la violencia, en esta ocasión comprendida cuando no jaleada desde las administraciones, siempre que, claro, las agresiones y los delitos y las agresiones sean debidamente antipoliciales, antimilitaristas, racialistas, feministas, transgénero, ecologistas y multiculturales, tal y como ordena el canon de lo políticamente correcto.

Occidente ha enloquecido y, dentro de este marco civilizatorio que se acaba, España se ha convertido de facto en un Estado fallido. Sí, en estos tiempos de miseria absoluta, los miserables y los sinvergüenzas campan a sus anchas y devastan las instituciones, convertidas éstas en los nuevos grandes feudos de la gran oclocracia multicultural. En este marco, nuevamente, solamente nos queda la Guardia Civil para defender las leyes, para imponer el sentido común, para atrapar a los delincuentes y para proteger a los ciudadanos, cada vez más desvalidos, burlados, empobrecidos y abandonados. De hecho, la mayoría de los españoles así lo reconoce una y otra vez, aprobando solamente a la Guardia Civil y al Ejército como las únicas instituciones en las que pueden confiar.

Y, dentro de todo lo bueno que supone el mundo que rodea a la Guardia Civil, hay que destacar la labor impagable, callada, firme y siempre generosa que, desde hace ya 33 años, desarrolla el Círculo Ahumada, un pilar básico, una asociación fundamental, para que la Guardia Civil siga siendo lo que es. El Círculo Ahumada, bajo la presidencia de Antonio Mancera López, desarrolla un trabajo modélico no solo a la hora de reconocer la importancia fundamental que tiene la Guardia Civil sino también, y quizás sobre todo, como herramienta clave para difundir los valores básicos promovidos por la Benemérita al resto de la sociedad.

El Círculo Ahumada lleva más de tres décadas realizando una tarea extraordinaria, pero, hoy más que nunca, su trabajo resulta imprescindible, porque hoy más que nunca nos son indispensables los principios de vida, casi civilizatorios, defendidos por el Duque de Ahumada: sacrificio, lealtad, austeridad, disciplina, abnegación y espíritu benemérito. Para todos quienes de un modo u otro formamos parte de La Tribuna del País Vasco, y especialmente para mí, la Guardia Civil y el Círculo Ahumada son modelos permanentes en los que deseamos mirarnos cada día para ser un poco mejores en este momento negro para nuestra sociedad, para nuestra nación y para nuestra civilización.

Que vivan muchos años más.

Raúl González Zorrilla.

Director de La Tribuna del País Vasco


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