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UNA OPERACIÓN ANFIBIA: LA TOMA DE LA ISLA TERCEIRA.

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Una operación anfibia: la toma de la isla Terceira

Tomás San Clemente De Mingo.

La expedición de comienzos del XIX que hoy podemos rastrear siguiendo sus deposiciones

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La expedición de Lewis y Clark fue la primera expedición estadounidense que atravesó lo que hoy es la parte occidental de los Estados Unidos, saliendo de San Luis (en el actual estado de Misuri) en mayo de 1804 y dirigiéndose hacia el oeste hasta alcanzar la costa del Pacífico.

Río Salado, 1340: cuando Castilla frenó el avance musulmán en tierras de Tarifa

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Con espada, lanza, escudo, y un deseo ciego de detener el avance enemigo a través de la Península Ibérica. Así combatieron en 1340 los casi 22.000 soldados del ejército castellano que –con ayuda portuguesa- lograron derrotar en las gaditanas orillas del rio Salado a un ejército musulmán tres veces superior en número.

Peter Ortiz, su historia.

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Daniel Daly, Smedley Butler, John Basilone, Lewis “Chesty” Puller. Estos nombres y sus valerosas hazañas se narran a cada Marine durante su periodo inicial de instrucción, pero sin embargo, el nombre y la historia del Coronel Peter J. Ortiz no es tan conocida.

Contra el pesimismo y por la unidad

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  • Don Felipe destaca la solidaridad, el rigor y el esfuerzo como claves para construir el futuro. En su discurso, el Príncipe de Asturias apela a la colaboración de todos para dejar atrás la crisis

 

Javier Ors.  Oviedo.

Villeneuve, el almirante francés que provocó el desastre de Trafalgar

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Horatio Nelson, Cosme Damián Churruca o Jorge Juan. Existen nombres que, inevitablemente, han quedado asociados a la valentía y la victoria a lo largo de la Historia. Sin embargo, no es el caso de Villeneuve, el almirante francés cuya incompetencia llevó a la armada franco-española a sucumbir ante la Royal Navy en Trafalgar el 21 de octubre de 1.805.

Con 7.500 pesetas de los fondos reservados, España ocupó el Sahara Occidental

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Ya hablamos de cómo España abandonó el Sahara (Historia de una deuda moral con el pueblo saharaui)…

España abandonó a su suerte al pueblo saharaui. Pasaron del dominio español a la ocupación militar marroquí­.
Hoy vamos a hablar de cómo entramos allí… Esta es la historia de cómo Emilio Bonelli consiguió ocupar el Sahara Occidental con 7.500 pesetas (45 euros).

La enseñanza militar en España

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Durante la Edad Media y gran parte de los tiempos modernos, la condición de noble y la de militar eran casi coincidentes. En consecuencia, el mando de las diversas unidades de los ejércitos, es llevada a cabo de forma absoluta por los Duques, Condes o Marqueses.

Henri Danju, vuelo hacia la fama: Badajoz, 1936

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En nuestra constante búsqueda de la verdad siguen sumándose nombres a la lista de los periodistas, fotógrafos y camarógrafos que escribieron sobre Badajoz en aquel caluroso verano de 1936. De algunos ya hicimos mención en el libro La Matanza de Badajoz ante los Muros de la propaganda (Madrid: Libros Libres, 2010), del que este humilde servidor es co-autor junto a mis amigos Francisco Pilo y Fernando de la Iglesia, a otros los vamos conociendo por las entradas que tan generosamente tiene a bien en publicarme Tradición digital.

La batalla contra el cielo de Rein Loring

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¡Ay, esos vuelos de antes! Eso sí que eran aventuras. Prueba de ello es la carta que la redacción de ABC recibió del Consulado de España en Hong Kong, el 20 de junio de 1932, informando de los mil y un problemas que el joven Fernando Rein Loring estaba sufriendo para completar la que fue una de las grandes hazañas de la historia de la aviación española: recorrer en solitario, con una avioneta de aluminio de apenas 500 kilogramos y una velocidad de crucero de 150 km/h, el trayecto entre Madrid y Manila.

Francisco de Aldana: el guerrero poeta de los Tercios que murió en tierra del Moro

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Francisco de Aldana fue uno de esos tipos que nos forjaron como nación. Uno de esos hombres cuajados en acero, que siempre supo por dónde se ponen los pantalones, o las calzas, por mejor decir.

Bestias nazis, los verdugos más sádicos del Tercer Reich

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Sadismo, crueldad, y, sobre todo, una frialdad imposible de entender. Sin duda, estos son los atributos que asaltan la mente cuando se piensa en los soldados que, a las órdenes de Hitler, jugaron con la vida de cientos de miles de personas durante la II Guerra Mundial.

Henry Harrison, el presidente de los 30 días

 

William Henry Harrison-James Reid Lambdin-

Lincoln pasó a la historia de Estados Unidos como el presidente que, en tan sólo cinco años, abolió la esclavitud. Theodore Roosevelt por ganar el premio Nobel de la Paz. Nixon, por el caso Watergate. Bush, por la Guerra de Irak. Obama, por la reforma sanitaria… ¿Y William Henry Harrison? William Henry Harrison por nada, porque sencillamente no tuvo tiempo.

Manila, la víctima olvidada de la Segunda Guerra Mundial

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Pocos son conscientes de que la capital de Filipinas fue escena de algunas de las más cruentas batallas de la Segunda Guerra Mundial, y una imponente muestra de ello es el Cementerio Americano de Manila, la gran necrópolis que Estados Unidos le dedica a los soldados caídos en el Pacifico.

Francisco de Sarmiento, la furia española en Castelnuovo

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Eran tipos como Francisco Sarmiento de Mendoza, Machín de Munguía, Juan Vizcaíno y Mendoza, Luis de Haro, Sancho de Frías, Juan Pérez de Zambrana, Pedro Silva, Luis Cimbrón, Domingo de Arriarán, Juan Pérez de Bocanegra... Españoles de una pieza, de hombría superlativa. Fogueados, batallados y curtidos en los Tercios Viejos, la elite militar de aquella primera parte del siglo XVI.

Llevaban años repartiendo estopa a diestro y siniestro entre la gente luterana y todos los infieles que infestaban el Mare Nostrum, que cada vez era menos nostrum y más de los otomanos. Y en medio de la nada, en Castelnuovo (hoy la república de Montenegro), en mitad de los Balcanes orientales iban a lidiar, en una proporción de casi uno a doce como poco, con las feroces tropas, cuajadas de jenízaros(la única tropa entonces asimilable a nuestros Tercios) del pirata Jereiddín Barbarroja. Tres mil contra casi cincuenta mil, allí hallaron la gloria y la mayoría la muerte, estos hombres esforzados y decididos, mal vestidos, mal pagados, mal alimentados, pero repletos de coraje y de fe en Dios, en España y en el emperador Carlos V. Corría el verano de 1539...

Viena, atacada

Después del ataque turco contra Viena y después de que los otomanos invadieran Austria, protestantes y católicos por fin se unieron en contra del enemigo común, el Islam que asolaba el Mediterráneo. Se consiguió que en tierra retrocediera pero en el mar las cosas pintaban más que mal, aunque habíamos conseguido alguna victoria como la toma de Túnez al ya mencionado Barbarroja en 1535 por la flota mandada por el gran Álvaro de Bazán y Andrea Doria.

Falta de maravedíes

Tres años después, el emperador Carlos, la república veneciana, el papa Pablo III y el archiduque Fernando de Austria formaron la Santa Liga con la que querían darle su merecido a los otomanos e incluso atacar su capital, Constantinopla. Andrea Doria fue nombrado comandante de la flota aliada y Ferrante Gonzaga, virrey de Sicilia, de las operaciones terrestres en los Balcanes.

Pero por falta de maravedíes y de organización solo se consiguió reunir una flota que no era la necesaria para la valiente y esforzada empresa. A su vez, los jefes de la Santa Liga no paraban de discutir entre ellos, sobre todo entre italianos y españoles. Ni siquiera las Cortes de Castilla veían la aventura como interesante y beneficiosa.

Barbarroja escapaba

Barbarroja conseguía escapar una y otra vez de nuestra gente, a pesar de que los españoles consiguieron conquistar la fortaleza de Castelnuovo, en la costa dálmata, de gran importancia estratégica para la defensa y la lucha en el Mediterráneo. La victoria sirvió para desunir más a los cristianos, hasta el punto de que los venecianos se desligaron de la alianza, de forma que la villa de Castelnuovo

Castelnuovo quedó entonces defendida por apenas 3.000 hombres del Tercio de Nápoles bajo el mando de Francisco de Sarmiento, con la única ayuda de las cuarenta naos de Andrea Doria para abastecerla y defenderla de las doscientas que a buen seguro podían reunir los otomanos. Pero Doria prefirió poner pies en polvorosa y dejar solo al Tercio.

Ataque terrestre y marítimo

Llegó el mes de julio de 1539 y Barbarroja se dispuso para el ataque terrestre y marítimo. La armada turco-berberisca mandada por el feroz pirata se componía de 130 galeras y 70 galeotas, con unos por 20.000 tripulantes bien entrenados. Por tierra, Barbarroja puso en pie un ejército de 30.000 soldados. El sitio de Castelnuovo estaba en marcha y los nuestros no se quedaron a verlas venir.

Por las noches, asaltaban los campamentos otomanos por sorpresa y causaban grandes estragos entre ellos que estaban poniendo de los nervios a Barbarroja. El pirata nos ofreció una rendición en buenas condiciones. Los nuestros no se fiaban ni un pelo y tras ser informados por Sarmiento, los capitanes le dijeron que nones al pirata con esta frase heroica: «Que vengan cuando quieran». Y así lo hicieron los herejes.

Primero, con un gran despliegue artillero, como ya en tiempos habían hecho en la toma de Constantinopla. Los nuestros seguían batiéndose por doquier, tajo va, arcabuzazo viene. Apenas quedaban ya seiscientos hombres con vida, pero continuaban sin dar su brazo a torcer. Se luchaba en cada almena, en cada milímetro los españoles no cejaban. Caían sus capitanes, pero sus hombres seguían en pie sin arredrarse. Murió el tal Sarmiento y todos sus oficiales, y solo doscientos de los nuestros quedaban en pie. Muchos de ellos fueron ejecutados allí mismo, otros acabaron como esclavos en Constantinopla.

Hasta Lepanto

Hasta Lepanto, ya en 1571, los turcos seguirían dando mucha guerra en el Mediterráneo. Pero la gesta de Francisco Sarmiento de Mendoza causó admiración en Europa. Y también en España. Así les cantó el poeta Gutierre de Cetina en su soneto :

«A los huesos de los españoles muertos en Castelnuovo»:

«Héroes gloriosos, pues el cielo

os dio más parte que os negó la tierra,

bien es que por trofeo de tanta guerra 

se muestren vuestros huesos por el suelo. 

Si justo es desear, si honesto celo 

en valeroso corazón se encierra, 

ya me parece ver, o que sea tierra 

por vos la Hesperia nuestra, o se alce a vuelo. 

No por vengaros, no, que no dejastes 

a los vivos gozar de tanta gloria,

que envuelta en vuestra sangre la llevastes; 

sino para probar que la memoria

de la dichosa muerte que alcanzastes, 

se debe envidiar más que la victoria».

El lado portugués de Felipe II

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Felipe II fue coronado rey de Portugal el 16 de abril de 1581 en las Cortes de Tomar. Antes de agregar la corona portuguesa a la castellana tuvo que ganarse el apoyo de los nobles lusos después de acabar con las opciones al trono de otro de los aspirantes, Antonio Prior de Castro, en la batalla de Alcántara (agosto 1580) comandada por el duque de Alba. Felipe pasó de Badajoz a Elvas el 5 de diciembre de 1580 y se marchó de Lisboa el 11 de febrero de 1583. Durante ese tiempo se comportó como un portugués más, por su forma de vestir, de comer, los horarios y tuvo siempre presente los intereses de Portugal, tierra natal de su madre, la emperatriz Isabel.

“Admiro mucho la figura de Felipe II de España, que gobernó Portugal durante 18 años”, comienza por explicar a ABC el profesor e historiador luso Carlos Margaça Veiga, miembro del consejo de la Academia Portuguesa de la Historia y autor de varios libros, entre ellos “La herencia filipina en Portugal”. “Le admiro por el modo como intentó y buscó atenuar el rechazo portugués hacia él porque no le aceptaban, sobre todo los populares aunque la adhesión o rechazo hacia Felipe fuese transversal en todos los estratos sociales”, puntualiza. Y es que los populares veían en el bastardo Prior do Crato a su rey, siendo además un hombre muy amable y próximo al pueblo.

No existen dudas de que Felipe II tenía derecho a la corona portuguesa

De lo que hoy no existen dudas es que Felipe II tenía derecho a la corona portuguesa. “Durante mucho tiempo esto no se reconoció por mucha influencia de un cierto nacionalismo, de una cierta rivalidad entre Portugal y España”, aclara el historiador. “Hoy los especialistas que estudian derecho dinástico lo reconocen”, añade. Felipe era hijo de Doña Isabel, hija mayor de Don Manuel I, y por derecho de progenitura primero estaba Juan III y después era Isabel. “Se buscaron muchos argumentos y hubo una auténtica batalla jurídica que movilizó una enorme cantidad de letrados y universidades”, recuerda el profesor. “Obviamente quien tenía más poder económico más movilizaba y atraía más apoyos. Y Felipe, de lejos, fue quien tuvo más juristas a su lado”, aclara.

Una vez lograda la deseada unión ibérica, Carlos Margaça Veiga resalta el hecho de tratarse de una agregación del reino de Portugal a España. “Agregar es juntarse, se unieron la corona de Portugal con la corona de Castilla, no con España. Anexar es más fuerte porque implica un dominio y todavía hoy se habla del dominio filipino durante 60 años. Se debe tener el cuidado de hablar de la gobernación o dinastía filipina, porque es lo correcto”, aclara. No se puede olvidar que en esta unión ibérica también hubo un componente militar, una invasión, “y esa parte dolió a los portugueses, porque habíamos salido de la humillación de Alcazarquivir, con la muerte del rey, y volvemos a ser humillados por la invasión de España por el duque de Alba”, puntualiza el historiador. “Él era muy inteligente y no quería herir a los portugueses, era un gran político y entendía que el vencedor no debía humillar excesivamente al vencido”, afirma Carlos. Por eso durante muchos años no permitió que se publicase en portugués el relato de las victorias españolas sobre los portugueses.

El lado portugués de Felipe II
 
 

A pesar de todo, durante mucho tiempo la figura y el papel de Felipe II fue rechazado por los portugueses “porque existió una mentalidad nacionalista que fue muy fuerte y también influyó la fuerza de la leyenda negra que corría por toda Europa y que tuvo su efecto en Portugal”. Sin embargo, a partir de 1940, cuando se celebraron los tres centenarios de la Restauración del reino (1 diciembre 1640), “comienza a aparecer una historiografía menos intoxicada de estos ingredientes, que se basa en documentos”, reconoce el historiador luso. “Hoy todavía hay una cierta generación que sigue hablando del dominio español pero ha disminuido la agresividad”, añade. También se debe distinguir, dentro del periodo filipino, la figura de Felipe II con la de sus sucesores, Felipe III y IV (Felipe II y III de Portugal). “Ellos no tenían la misma sensibilidad que Felipe II y además fueron los tiempos de los validos”, puntualiza.

Identidad portuguesa

Felipe II tuvo siempre la preocupación de mantener la identidad portuguesa. “Ningún rey del siglo XVI llevó tan lejos las libertades concedidas a un reino conquistado como lo hizo Felipe II”, afirma Carlos Veiga.“Fue bastante generoso”. Entre otras cosas, porque permitió que los portugueses tuviesen acceso al comercio de las Américas al cual Aragón no accedía.

Y es que el cariño y afecto que sentía por Portugal era evidente al tener madre portuguesa y al ser nieto del gran Don Manuel I, con quien se vivió el gran esplendor portugués. “Felipe concretiza un proyecto que viene desde la edad media, el de hacer coincidir la unión geográfica con la política”, recuerda el historiador, “Don Manuel tiene un sueño imperial y Felipe II tiene el mismo sueño que el abuelo”. Aunque muchas veces se haya olvidado ignorado, “Felipe II tuvo muchas actitudes y medidas que se inspiraban en su abuelo materno y en la gran emperatriz Isabel, su madre, tan querida por los españoles”.

Isabel hablaba a su hijo en portugués y tuvo una dama de compañía lusa, Leonor de Mascarenhas. Además en la corte española había un grupo importante de portugueses. Y Felipe (quien perdió a su madre con 12 años) tuvo siempre en cuenta la importancia del portugués, de ahí que en las cartas que escribía a sus hijas desde Portugal pidiese que el pequeño Diego estudiase la lengua de Camões. “En el siglo XVI era muy normal el bilingüismo. En el estatuto de Tomar la lengua queda politizada y toda la documentación relativa a Portugal era en portugués, aunque se emitiese en Castilla”, recuerda el profesor.

Armonía del reino

Felipe II logró la armonía y la aceptación a nivel nacional del país y se sirvió de las cortes para conseguirlo. “Se sintió portugués, fue un rey inteligente con larga experiencia gobernativa desde 1556”, resalta Carlos Margaça Veiga. Felipe II atendió a la aristocracia pero se preocupó por todos. Por ejemplo, “tuvo la habilidad de retribuir a los procuradores que iban a las cortes. Por primera vez bajó las ayudas de coste del viaje, que normalmente lo hacían los ayuntamientos”. “Se fue transmitiendo la simpatía por Felipe II”.

En Portugal pasó a estar rodeado de portugueses. “Comía al modo portugués, se vestía como los portugueses, le servían portugueses aunque en los viajes tenía miedo de algún atentado, que nunca se produjo”, admite el historiador. Fueron muchos los que le pidieron que volviera a Portugal cuando se instaló en El Escorial, “la niña de sus ojos, con sus libros y sus cuadros”. Incluso el cardenal Granvelle le dijo que se transfiriese la corte para Lisboa convirtiéndola en la capital”.

Lisboa filipina

“Creó una Lisboa filipina que recordase al rey”, afirma Carlos Veigas. Destacan varios monumentos, el primero de ellos el Paço da Ribeira, el paseo manuelino. Después la iglesia de San Vicente de Fora. Felipe mandó traer los restos de Don Sebastián del norte de África, y los restos del rey Don Henrique, realizando grandes ceremonias fúnebres. “Así daba inicio a una nueva dinastía”. Y también se encuentra el fuerte de San Julián da barra de Lisboa, que lo amplió, y la torre del Bugio o fortaleza de San Lorenzo de la cabeza seca”. Una vez más se ve la devoción que sentía por San Lorenzo ya que venció la batalla contra los franceses el día de san Lorenzo.

Herencia filipina

Son muchos los aspectos que se pueden destacar de la gobernación de Felipe II que dejó como herencia al país vecino. “Sobre todo el buen gobierno de Felipe II, fue un buen gobernante, en la justicia, su principal obligación, creando incluso un Supremo Tribunal en Oporto”, explica el profesor de historia. También fue muy escrupuloso con los temas fiscales, “creó el consejo de Hacienda y concentró una serie de organismos fue modernización que duró hasta el liberalismo”. Se preocupó igualmente con la legislación, “revisó las ordenaciones manuelinas y mandó crear las ordenanzas filipinas que perduraron hasta el final del siglo XIX”. Otro punto importante fue la defensa del imperio ultramarino para lo cual mandó crear muchas fortalezas, entre ellas la de Setúbal, Azores y Cabo Verde. “No descuidó la defensa del imperio ultramarino porque era también una cuestión de prestigio”, afirma el historiador luso.

Como curiosidad cabe recordar que Felipe II cogió madera de la embarcación lusa Cinco Chagas, cuando estaba en ruinas, para mandar construir un crucifijo en el Escorial (que no es el actual) y su sarcófago.

Brunete, sangre y muerte en una de las batallas más cruentas de la Guerra Civil

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Dolor, valentía, y una ingente cantidad de víctimas. Con estos términos se podría definir la batalla de Brunete, un choque de fuerzas en el que, desde el 6 julio de 1937, las tropas de la República se enfrentaron al ejército de Francisco Franco en las afueras de Madrid.

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