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La frontera invisible que protege a Europa de fenómenos extremos corre peligro

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Un estudio internacional confirma que la circulación de retorno del Atlántico meridional, que regula las temperaturas del continente, está en su punto más débil del último milenio

El cambio climático podría desencadenar una catástrofe más a finales de este siglo. La circulación de retorno del Atlántico meridional (AMOC), que da a Europa un clima templado y cálido, está en su punto más débil de los últimos mil años. La ralentización de este flujo marino podría traer más fenómenos extremos al continente en el futuro.

La preocupación por el debilitamiento de este sistema de circulación oceánica no es nueva. En los últimos años ha protagonizado varios estudios científicos. El fenómeno sirvió a Hollywood para producir en 2004 la película de ciencia ficción El día de mañana, donde se exageraban sus consecuencias. El nuevo estudio, publicado en la revista Nature Geosciencie por investigadores del Instituto Postdam, de la Universidad de Maynooth de Irlanda y del University College de Londres, arroja más luz sobre los efectos que podría tener esta desaceleración de la corriente oceánica.

Se da la circunstancia de que los flujos de corrientes oceánicas no empezaron a medirse hasta 2004. Por ello, para esta investigación los científicos han utilizado los llamados ‘datos proxy’. Es decir, los que se extraen de estudiar, por ejemplo, los sedimentos oceánicos y corales, núcleos de hielo o registros de barcos. No es una información directa, pero sí una huella del pasado.

El AMOC es uno de los sistemas de circulación oceánica más grandes del mundo. Funciona como una cinta transportadora gigante. Gracias a la corriente del Golfo, las aguas cálidas, saladas y, por tanto, superficiales viajan desde el ecuador hacia el norte. Ahí se enfrían y se hunden al norte de Islandia. Una vez en la profundidades, la masa de agua fría fluye de vuelta hacia el sur. A este proceso se le conoce como circulación termohalina del océano (del griego ‘calor’ y ‘sal’).

Las investigaciones anteriores ya apuntaban a que la corriente se había ralentizado un 15% desde 1950. Los científicos confirman ahora que se trata de una desaceleración que no tiene precedentes en más de 1.000 años. Calculan que para finales de este siglo se debilitará entre un 34 y un 45% y sugieren que el cambio climático está detrás de este fenómeno. Si el calentamiento del planeta no se detiene y se alcanzan estos porcentajes, el fenómeno «podría acercarnos peligrosamente al punto de inflexión en el que el flujo se vuelve inestable», según explica Stefan Rahmstorf, del Instituto Potsdam, en unas declaraciones recogidas por Europa Press.

El calentamiento del planeta hace que se produzcan más lluvias y nevadas y que se derrita el hielo de Groenlandia, vertiendo agua dulce en la superficie del mar. Estos hechos hacen al agua más fresca y menos salada y, por tanto, menos densa. Alteraran a la circulación termohalina y debilitan el flujo de la circulación.

En el peor de los casos las consecuencias se sufrirían en los dos lados del Atlántico. En el caso de Europa, la desaceleración de la corriente acarrearía más fenómenos extremos: más tormentas y olas de calor, inviernos más intensos o sequías más fuertes en todo el continente. En Estados Unidos se manifestaría con una crecida de los niveles del mar en la costa este. También afectaría a las poblaciones de peces y a otros ecosistemas marinos del Atlántico.

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