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Las islas hispánicas perdidas por todo el mundo: así es el recuerdo de que España fue un imperio

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De la costa africana a Oceanía, el paso del Imperio español ha dejado un reguero de islas y de reclamaciones de soberanía que solo se dan a conocer, por desgracia, a propósito de polémicas como la reciente de las Islas Salvajes.

Isla de los Faisanes

La isla de los Faisanes (ubicada entre Irún y Hendaya) es, como bien explica el licenciado en geografía Joan Capdevila Subirana en su obra «Historia del deslinde de la frontera Hispano-Francesa», un «caso excepcional dentro del Derecho internacional». La razón es que este pequeña porción de tierra (de 114 metros de largo por 25 de ancho) se encuentra regida de forma conjunta por Francia y España.

Más concretamente, y tal y como se acordó en el tratado de Bayona de 1856, cada país la administra seis meses al año. «La fórmula jurídica que mejor describe esta situación es la de condominio, es decir, aquella aplicable al ejercicio de la autoridad sobre un territorio por parte de dos o más Estados independientes asociados con esa finalidad», determina el experto en el mencionado dossier.

A nivel geográfico, la isla de los Faisanes (el condominio más pequeño del mundo) se encuentra ubicada en la desembocadura del río Bidasoa. Esta pequeña porción de tierra fue, desde el siglo XVII, el lugar predilecto por no pocos nobles franceses y españoles para llevar a cabo negociaciones con el contrario.

No obstante, el suceso más destacable del que ha sido testigo la isla de los Faisanes se vivió en 1659 cuando, después de que ambos países se enfrentaran en la Guerra de los Treinta años, esta región acogió la firma de los acuerdos de paz de los Pirineos (el tratado que puso fin a la contienda).

Por entonces se estipuló que Luis XIV se casaría con María Teresa (la hija de Felipe IV y de Isabel de Borbón) para sellar todavía más el acuerdo. Así se narra el suceso en la obra «Historia de España» (en su versión extendida, originalmente de Juan de Mariana): «Tantos años de encarnizada lucha con Francia debian tener fin. […] [Ambos países] tuvieron sus conferencias en la isla de los Faisanes, sita en Bidasoa. [...] El mismo rey Don Felipe IV pasó a la isla de los Faisanes, donde efectuó posteriormente la entrega de su hija».

Islas Alhucemas

Las Islas Alhucemas están formadas por tres pequeños islotes (el de Mar, el de Tierra y el Peñón de Alhucemas -este último, nido de piratas durante una buena parte de su historia-) ubicadas a pocos kilómetros de la costa africana y a 95 de Melilla. La relación de estos territorios con España comenzó allá por el siglo XVI, como bien explica Javier Mariñas Otero en su dossier «Las plazas menores de soberanía española en Africa»: «Fue el propio Sultán de Marruecos el que cedió a la Corona española la soberanía de este pequeño enclave, en 1560, si bien su ocupación por España no tuvo lugar hasta 1673».

Concretamente, la pequeña agrupación (el peñón apenas tiene 170 metros de largo por 86 de alto) fue olvidado hasta la llegada del enfermizo Carlos II (mientras era regente Doña Mariana de Austria), cuyos consejeros posicionaron allí una guarnición que pudiese defender la zona de los piratas berberiscos. Esta decisión se tomó para evitar que uno de los líderes tribales de la zona tomara posesión de ellas. Una acción que hizo válido aquello de que no se le da importancia a lo que se tiene hasta que alguien pretende robarlo.

«Para evitarlo, y para reforzar aunque fuera simbólicamente la presencia española en el Norte de África, frente al inicio del colonialismo francés e inglés, una pequeña flota al mando de Andrés Dávalos […] tomó posesión efectiva de la isla [...] el 28 de agosto de 1673», añade el experto.

Después de que varios navíos españoles llegaran a la zona, se instaló en el peñón una guarnición y una prisión. Aunque su función pueda parecer determinante, lo cierto es que su importancia fue rebajada posteriormente por el mismo Felipe V, quien afirmó que no era posible mantener abierta la conexión con Ceuta y Melilla únicamente «con el establecimiento de sólo dos puntos aislados, mal provistos de embarcaciones y sin lazos seguros de unión entre sí ni con España».

En los siguientes siglos, la población del peñón de Alhucemas se dedicó al comercio con la costa africana. A partir de ese punto quedó algo olvidada hasta el año 1838. Fue entonces cuando unos 300 prisioneros (todos ellos del bando carlista) se alzaron en armas contra la guarnición isabelina. La sublevación fue curiosa, pues lograron convencer a parte de los soldados que les custodiaban para que se pasaran a su bando, se hicieron con dos buques y partieron hacia el Norte de España (desde donde pretendían unirse a los combates). Al final, fueron apresados.

A día de hoy, las tres islas pertenecen a España y, por su parte, la principal cuenta con múltiples recuerdos que hacen honor a su historia. «El islote español, renovado y operativo en todos los aspectos, está prácticamente cerrado en su perímetro, habiéndose reformado con criterios histórico-culturales sus murallas y baluartes», determina el experto.

Islas Chafarinas

Las Chafarinas se encuentran ubicadas 51 kilómetros al Este de Melilla, frente a la costa Marroquí. Concretamente, este grupo de islas está formado por la Isla del Congreso, la Isla de Isabel II y la Isla del Rey Francisco. La primera es la más extensa al contar con 950 metros de largo y 500 de ancho.

Curiosamente, se destacaron como un objetivo de España desde el siglo XIX. ¿La razón? Que eran vistas como un enclave perfecto desde el que enviar expediciones de castigo hacia el norte de África (donde las posesiones españoles eran atacadas -día sí y noche también- por los molestos rebeldes kabileños). No obstante, hubo que esperar hasta 1847 para que nuestro país se hiciese de forma definitiva con ellas. Para ser más concretos, el gobierno se mostró interesado realmente cuando los franceses enviaron al almirante Mouchez para conquistarlas y, así, poder usarlas de base de operaciones para tomar Argelia.

«El 6 de enero de 1848 son ocupadas por el General Serrano, que se adelanta en un día a la expedición francesa, izando la bandera española en la isla central que bautiza con el nombre de Isabel II. La propia reina de España asume la idea de una futura acción sobre Marruecos al señalar que es preciso “tener una línea militar desde Ceuta a las Chafarinas, que contenga la invasión francesa del Norte de África”», determina Otero.

Desde entonces se destacó la presencia de una guarnición española en la región, que llegó a contar con 650 hombres. También se construyó un pueblo que sumó un total (en su mejor época) entre 1.000 y 2.000 habitantes. La presencia militar es permanente en estas islas desde que el ejército las tomara en el siglo XIX. Sin embargo, ahora solo viven en la zona militares y científicos. «La presencia militar se mantiene actualmente a cargo, habitualmente, del Grupo de Regulares Melilla 52, o el Tercio Gran Capitán, I de La Legión, con apoyos puntuales de la Compañía de Mar», explica Francisco Javier Zapata en «Chafarinas, refugio singular».

Isla de Alborán

Alborán es una pequeña isla volcánica ubicada a 85 kilómetros de España (de Punta Entinas, más concretamente) y 55,5 del Cabo Tres Forcas de Marruecos. Su extensión es escasa (apenas 605 metros de largo por 265 de ancho), una característica que queda patente cuando se ven fotos de la región desde el aire.

Y es que, en ellas se puede apreciar como apenas cabe sobre ella un faro, una pista de aterrizaje para helicópteros, y un puerto. Así la describía Pascual Madoz (cronista del siglo XIX) en una de sus obras: «El terreno es raso, arenisco y sin ninguna elevación sensible, cubierto de maleza parecida a la que se cría a las orillas del mar: en la parte meridional tiene un surgidero, donde suelen fondear de 25 a 30 brazas los buques».

Históricamente, y debido a su cercanía a ambas costas, fue usada por piratas, contrabandistas y marineros. Su primera aparición de importancia en la historia se encuentra en el siglo XVI, cuando desde sus costas se pudo ver una destacada batalla marítima. «Cerca de la isla, en 1540, una escuadra de galeras españolas, al mando de Bernardino de Mendoza se enfrentó a una flota de corsarios berberiscos compuesta por 16 buques y más de 2.500 hombres, al mando de Caramaní y Alí Hamet, antiguos aliados del pirata barbarroja que regresaban a Argel tras haber saqueado Gibraltar. La batalla fue ganada por los españoles y en ella murieron más de 650 personas», señala la historiadora Pilar Quirosa-Cheyrouze en su obra «El faro de la isla de Alborán».

Desde 1884, y por Real Orden, depende administrativamente del ayuntamiento de Almería. Es, por tanto, de soberanía española. A día de hoy, su única presencia es militar.

Isla de Perejil

El islote se hizo famoso en 2002 porque un grupo de gendarmes marroquíes lo ocuparon y obligaron al Gobierno español, entonces presidido por José María Aznar, a realizar una intervención militar para reivindicar su soberanía. Ni en el Tratado de Fez de 1912 ni en el tratado de independencia de Marruecos en 1956 se menciona la isla, por lo que la instalación de un campamento por parte de las tropas marroquíes fue visto como un ocupación ilegal. Miembros de la Legión permanecieron en el islote hasta que Marruecos, por mediación de los Estados Unidos, acordó el retorno al statu quo (de facto, un territorio en litigio). A la vista de lo desproporcionado de la operación militar, hoy en día se analiza aquella acción como una advertencia implícita a Marruecos con respecto a sus reclamaciones sobre Ceuta y Melilla.

El islote, así como la propia ciudad autónoma de Ceuta, pasó de manos portuguesas a españolas cuando Felipe II se proclamó Rey de Portugal a finales del siglo XVI. Al producirse la rebelión portuguesa, Ceuta permaneció leal al Rey Felipe IV. En 1762, el ingeniero Alonso de Figueroa elaboró un proyecto de fortificación, en cuya memoria quedó escrito: «...que si fortificáramos la isla del Perejil y pusiéramos baterías de veinte y quatro, assi en esta como en las puntas llamadas del carnero y del fray, seríamos tan dueños del estrecho de Gibraltar como del suyo son los dinamarqueses».

El islote, no en vano, nunca ha podido ser fortificado completamente y en la Guerra de Independencia se convirtió en el objeto de deseo de los ingleses. En 1836, los Estados Unidos reclamaron que se les permitiese establecer de una estación carbonera, pero el Reino Unido vetó la pretensión estadounidense.

En vísperas de las guerras que enfrentarían a España con las fuerzas locales, el germen de lo que luego sería Marruecos, el gobierno británico medró en contra de los derechos españoles sobre la isla de Perejil y trató de ocuparla con fuerzas de la guarnición de Gibraltar. Alertado el gobierno español, ordenó que un batallón del regimiento de Ceuta ocupase la isla. Tras una nueva reclamación, los británicos terminan por reconocer los derechos de España sobre el polémico islote. Marruecos tomaría el relevo de las protestas británicas en el siglo XX.

La Micronesia Española

En 2014, el Gobierno zanjó toda especulación sobre el mantenimiento de posesiones españolas en el Pacífico a través de una respuesta parlamentaria al diputado de Amaiur Jon Iñarritu. Bajo su criterio, España cedió en 1899 todas las plazas que le quedaban por entonces en ese océano y con ello «la plena soberanía y propiedad sobre las islas Carolinas, Palaos y Marianas», excepto la isla de Guam, que no la podía ceder porque había pasado a dominio norteamericano. España recibió a cambio una «indemnización pecuniaria de 25 millones de pesetas».

Tras el Desastre del 98, a España le fue imposible controlar las pequeñas y muy dispersas islas que le quedaban por Oceanía, por lo que acabó deshaciéndose de ellas lentamente, siendo EE.UU y Alemania los grandes beneficiados. El problema fue que en estos tratados se olvidaron de cuatro atolones: Kapingamarangi, Nukuoro, Rongerik, Mapia, Ulithi, y otro más del cual se cree que se trata de un escollo coralino o bajío ya hundido (Matador). A mediados de siglo, la dictadura franquista estudió la posibilidad de reclamar la soberanía de algunas de estas islas que jurídicamente pertecen a España.

Más allá del tema jurídico, Mapia está hoy bajo soberanía política de Indonesia; Kapingamarangi, Ulithi y Nukuoro bajo soberanía política de los Estados Federados de Micronesia; Rongerik se encuentra bajo control de la República de las Islas Marshall.

Islas Shetland del Sur (Bases Antárticas)

La relación española con el continente se remonta a hace tres siglos. El descubrimiento de este territorio lo realizó con toda probabilidad el explorador español Gabriel de Castilla, en 1603, quien llegó a los 64°S y avistó tierra en esas latitudes (que podría ser alguna de las islas Shetland del Sur), de acuerdo con el testimonio de 1607 de un marinero holandés que navegara con él.

Hoy en día, España posee dos bases antárticas que ocupa en verano un grupo de científicos. La base de Juan Carlos I está situada en la península Hurd en la isla Livingston. Por su parte, la base Gabriel de Castilla fue instalada en la Isla Decepción en 1989. Esta base se usa como destacamento militar en apoyo a los trabajos que realiza el grupo científico alojado en la base de Juan Carlos I.

Pero no se trata ni mucho menos del único país allí presente. La Antártida es gestionada hoy en día por 48 países, según establece el Tratado Antártico firmado en 1959 en Washington y renovado de forma anual según votos de los miembros consultivos. De los 48 países, solo 29 son consultivos, es decir tienen derecho a voz y voto; mientras que el resto solo tienen derecho a voz. Asimismo, la Antártida tiene multitud de reclamaciones territoriales aún no reconocidas, entre ellas las de la propia España. El Gobierno ha mostrado interés en participar en el futuro reparto de la Antártida. Sin embargo, actualmente, por disposiciones del Tratado Antártico «no se disputan ni se afirman reclamos territoriales vigentes a la firma del Tratado, ni se admiten nuevos reclamos mientras el Tratado esté en vigencia».

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