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Una cuestión de honor

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“Al Rey, la hacienda y la vida se ha de dar, pero el honor es patrimonio del alma, y el alma sólo es de Dios”
-Pedro Calderón de la Barca-

Aunque se recurre muchas veces a esta anécdota, sobre todo cuando se trata de poner en alza los pilares que sustentan a la Guardia Civil, he de volver a sacarla de nuevo a colación, pues no hay ocasión más oportuna que la que estamos viviendo en la actualidad.

     La misma adquiere especial relevancia por ser de las primeras y relatada por el propio Duque de Ahumada, en sus memorias.

     Se cuenta en ella, la disciplina y determinación que mantuvo un Cabo que, con ocasión del servicio de vigilancia del Teatro Real de Madrid y cumpliendo con la consigna recibida, impidió que el mismísimo General Narváez, el “Espadón de Loja” como era conocido por manejar con mano de hierro el gobierno durante el reinado de Isabel II, pudiera  acceder con su carruaje por un lugar prohibido para ello. Y cómo, después de tener que hacer su entrada por el lugar indicado al efecto, hizo llamar al Duque de Ahumada con la pretensión de que el citado Cabo recibiera un severo correctivo por haberse opuesto a su exigencia y haberle dejado en ridículo delante del cochero. Y cuenta la anécdota, cómo después Ahumada, como hombre de honor, le hizo entrega de dos oficios: el primero con su cese en el cargo de Inspector General del Cuerpo de Guardias Civiles y el segundo, firmado ya por quien quedaba en el mando accidental de la Institución, con el traslado del Cabo lejos de Madrid, todo ello debido a la injusticia que el Presidente del Gobierno quería cometer, contra el Cuerpo de Guardias Civiles.

     La historia tuvo final feliz, pues Narváez, al comprobar la voluntad inflexible del primer Director General Cuerpo, terminó manteniendo al mismo al frente de la Guardia Civil y regalando un puro al Cabo tras felicitarlo, por haber sido de las pocas personas que lo habían contrariado.

     Ya me hubiera gustado a mí, que esta estampa se hubiera repetido en el día de ayer, cuando el poder de representación de los Vocales del Consejo y la defensa de los intereses de los guardias civiles, se vio mancillada por la vana actuación de su Director General tras la pretensión de la Secretaria de Estado de Seguridad, que a la postre es quien mantiene la autoridad en este proceso, de variar el porcentaje de reparto entre los dos Cuerpos de Seguridad en un 1,7% correspondiente a la Guardia Civil en favor de la Policía Nacional que recibe ese incremento y con la única justificación del interés meramente político, optando de forma despótica por rendir pleitesía al Cuerpo de la Policía Nacional, eso sí, rebajándolo a un 1% como si de un favor se tratara. El problema es que el macho alfa ha dicho ahora que no le vale el uno. Veremos si existe algún machorro en esta casa que sea capaz de enseñar sus nalgas y de tirar el resto de dignidad por la borda si fuera necesario, aunque ello suponga que la regularización de alguno de los CES, tan necesarios en la Guardia Civil, queden depositados en el mismo lugar que el acuerdo firmado el 12 de marzo de 2018, en la basura.

     Señor Director, la historia del Cuerpo viene determinada por hechos y circunstancias que para bien o para mal, quedarán en la memoria de todos. Y hay veces que las circunstancias y los hechos que están ocurriendo, llevan a quien tiene la responsabilidad de mantener la moral de las fuerzas que se le han confiado, a dar lo máximo, incluso lo más valioso que posee, su propia vida. Pero tranquilícese, que eso no se lo vamos a pedir al estar usted fuera de la vida y del compromiso militar, pero el resto de arrojos sí que le son de aplicación.

     Hay veces que el devenir de la vida y las dificultades, hacen que lleguemos a adoptar posturas contrarias incluso a nuestras propias convicciones, a nuestros propios pensamientos, pero existe una línea infranqueable que se escribe con mayúsculas: EL HONOR. Esa cualidad moral, que obliga a quien la tiene a cumplir con su deber y a hacerlo con la máxima diligencia. De ahí que el primer artículo que preside nuestra Cartilla, sea el que se exhibe en la entrada de cualquier acuartelamiento de la Guardia Civil, recordando a todos aquellos que vestimos este uniforme, que la vocación de servicio que nace de su cumplimiento viene determinado por un deber fundamental e inexcusable: conservarlo sin mancha, pues una vez que se pierde no se recobra jamás.

     No sé si todavía está a tiempo de salvar el suyo, Sr. Director, pero creo que el escenario político que tiene por delante en esta cuestión y al que teme como una vara verde, hará que le tiemble mucho el pulso para poder firmar su dimisión.

https://lapauta.es/art/2359/una-cuestion-de-honor


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