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La épica defensa de un guardia civil - Julio 1936

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La épica defensa de un guardia civil enfermo en el cuartel de Caravia

Guardias Civiles… Vedlos pasar, no en el desfile, sino en el continuo y lento peregrinar por carreteras. Vedlos por parejas; son dos inseparables camaradas… Y anotemos de paso que es en el Reglamento de este Benemerito Cuerpo, donde se usa por primera vez la palabra «camarada» para hablar de un compañero deL cuerpo: «Cuando un Guardia encuentre a otro compañero o camarada…» Así reza una frase de su libro principal… La Cartilla del Guardia Civil

La Guardia Civil… Charoles en las alturas; tricornios por las carreteras y por los caminos; extraño sombrero que aparece en todos los lugares donde el orden se relaja, donde el criminal atenta contra la Ley… Guardia Civil, guardadora celosa de esa Ley… Guardia Civil que teje continua y cotidianamente un largo rosario de heroísmo, que parecen pequeños por lo desconocidos que son… Guardia Civil que no tiene hogar, que no tiene familia, que no tiene mas que deber, ya que en sus aras lo sacrifica todo, Guardia Civil, que es como dijo una vez Emilio de Zurano en una conferencia de la Económica Matritense, «paz, orden, heroísmo y amparo de toda desgracia…»

También la Guardia Civil ha tenido en la lucha que aun dura en los campos hispanos, un puesto de honor; también la Guardia Civil ha luchado con todo el heroísmo innato en el Cuerpo, contra la barbarie extremista. Y la Guardia Civil ha dejado en el camino lo mas florido de todos sus componentes y lo mas bravo de todos sus bravos hombres. Y quizá haya sido la Guardia Civil el cuerpo que ha contado con mas bajas, dentro de sus escasos cuadros.

Pues bien; de la Guardia Civil, del heroismo, del cumplimieto del deber vamos a hablar; de un Guardia Civil de encharolado tricornio y de uniforme verdoso. De un Guardia Civil que ha sido un héroe mas entre todos sus compañeros héroes. De un Guardia Civil que ha abandonado su familia, su hogar, sus cariños de hombre joven, sus aspiraciones para ofrecer su vida en aras de su único sostén y de su único afán: el deber.

Julio de 1936. Se inicia en España la sublevacion militar que desencadenaría la Guerra Civil española. En todas partes comienza la lucha, en Asturias el General Aranda ordena la concentración de todos los puestos de la Benemérita…, y a la capital asturiana van afluyendo todos esos hombres.

Caravia es el lugar de la escena dantesca que vamos a contemplar al conjuro de nuestras palabras. Caravia mira al mar respaldada por la magnificencia del Sueve. Caravia tiene también su casa cuartel, mirando hacia la carretera: sus ventanas se abren como ojos inquietos y avizores.

Y los Guardias desfilan; el único sostén del orden se traslada hacia la capital. Un guardia se encuentra enfermo: se llama Antonio Moreno Rayo. Es hombre joven, soltero, afable, cariñoso y buen compañero. La fiebre atenaza sus carnes y el traslado se hace imposible. Por orden «en la Guardia Civil no hay mas que ordenes» de sus jefes. Antonio Moreno se queda en el cuartel; se queda solo; alguna mujer acudirá a cuidarle. Pero el cuartel de las ventanas avizores y la mirada hacia la carretera que serpentea a los pies del Sueve queda como posesión de Antonio Moreno, enfermo y febrizante.

Pasan apenas dos días… La fiebre sigue su curso en el cuerpo del Guardia.

24 de Julio. Mientras se lucha encarnizadamente en el Alto de León, en aquel cuartelillo de Caravia en que suda su fiebre un Guardia Civil, se presentan, como a las once de la mañana, los miembros de un Comité de Guerra a cuya cabeza van los vecinos Emilio Palacios, Manuel Rivero y Francisco Sánchez.

La pretensión de estos miembros del Comité de Guerra no es otra que la de recibir el Cuartel, que habrá de entregar, con todo lo que dentro haya, el guardia que en el vive, Antonio Moreno.

El hombre no se amilana. Sabe lo que le espera. No conoce detalles de la sublevación; ignora todos los detalles que puedan orientarle en una directriz de conducta. Quizá para poder comprobar algo, dice que consultará por teléfono con sus superiores que están en… Los miembros del Comité le dieron permiso para telefonear, cruzaron una siniestra y torpe mirada de comprensión y sonrieron cínicamente; de sobra sabían ellos que con Oviedo no había comunicación telefónica…

A las tres de la tarde volvieron a presentarse aquellos hombres ante el cuartel con la misma pretensión de la mañana; pero algo sospecharon de la honradez del guardia y del respeto al deber que es su única norma, y por eso no iban solos ahora, sino que llegaron escoltados por un gran numero de personas portando  fusiles y escopetas de la mas heterogénea especie, reclutados entre los habitantes de aquel pueblecillo sonriente y de los otros circunvecinos. E intimidaron a Moreno a que entregase el cuartel. Entre unos y otros se cruzó un dialogo de términos poco mas o menos análogos a estos:

-Entrega el cuartel.

-No lo entregaré nunca.

-Lo tomaremos por la fuerza.

Antonio Moreno se había cerrado por dentro; había tomado sus precauciones. No sabia lo que en el resto de España pasaba; pero tenía un deber que cumplir. Antonio Moreno se preparó; acarreó las municiones que tenía; preparó el fusil y se dispuso a luchar para no entregar aquel cuartel.

Intentó el grupo violentar las puertas; se lo impidió el Guardia. Se replegaron prontamente y apuntaron a una de las ventanas; sonó un disparo y la bala fue a incrustarse en la pared arrancando cal y haciendo saltar la piedra. Las hostilidades habían comenzado. Había que defenderse y había que defender el cuartel. Antonio Moreno contestó con otro tiro certero, que fue a herir a Palacios, quien cayo en el suelo blasfemando y manando sangre. Antonio Moreno no hizo mas que seis u ocho disparos, pues los asaltantes no necesitaron mas para recomendar a sus piernas un poco de ejercicio hacia la parte opuesta de la casa-cuartel.

Antonio Moreno no se durmió sobre los laureles. Sospechaba que la turba había ido a buscar refuerzos. Y así fue, pues mas tarde llegaron varios camiones con personal de Ribadesella y de Sama; no sabemos cuentos hombres serían, pero de cualquier manera la desproporción era fantástica, muchísimos contra uno y contra uno, enfermo, débil y… solo. Pero Antonio Moreno era un Guardia Civil; Antonio Moreno tenia un deber que cumplir y para ello no se miden las dificultades. Y Antonio Moreno resistió.

Ante la fachada que el cuartel tenía hacia la carretera, emplazaron los asesinos una ametralladora... Y la ametralladora comenzó a funcionar llevando su seco tableteo a todos los rincones del pueblecillo que sestea en las faldas del Sueve. Por la otra fachada la dinamita, ya desacreditada hoy, de los mineros de Sama, empezó a caer sobre la fachada y el tejado del cuartel, llenándolo todo de detonaciones, de cascotes y de explosiones.

Antonio Moreno resistió valientemente; había colocado en una ventana un tricornio; en otra el gorro de cuartel; en otra la boina, el sombrero mas allá; un montón de ropa en otra… Esas prendas eran sus únicos aliados. Y desde las veinticuatro ventanas que tiene el cuartel, aquel Guardia Civil llevaba hacia aquellos asaltantes los certeros disparos de su fusil… Se multiplicaba, tan pronto salían los disparos del primer piso, como del entresuelo, de una ventana como de la otra. Y así siguió. Mientras la ametralladora continuaba arrojando metralla sobre las paredes y las ventanas y la dinamita iba abriendo muros, levantando escombros.

Cual seria la actividad y agilidad del Guardia Moreno que según han declarado testigos presenciales, los mineros de Sama llegaron a decir que se les había engañado, que en el cuartel había un batallón de guardias y que a esto no había derecho.

Por fin el drama se acercaba. Era mucho el estrago de los proyectiles; pero era mayor el estrago de la fiebre; el valiente guardia sentía desfallecer a sus piernas; sus ojos se velaban a veces. Sus fuerzas decaían. Era mucho esfuerzo; mucho correr...

Una carga de dinamita cayó en pleno tejado y lo voló; sobre las habitaciones cayó un diluvio de cascotes, de maderas, de piedras, de tejas. El muro quedó resquebrajado y al mismo tiempo la resistencia física del guardia se agotó, como se agota un manantial en el verano… Cayó desvanecido…

Y así pudo ser detenido. En el cuartel no había mas que un valiente, un héroe; solo había un Guardia Civil…

¿El final?... El que corresponde a una horrenda pagina de la guerra. No podía ser otro. Una Parodia de juicio. Unas preguntas contestadas con la misma valentía con que había contestado a los disparos y a los cartuchos de dinamita:

- ¿Alguien le aconsejó a V. que se resistiera?

- Nadie

- ¿Y porqué no se rindió usted si estaba solo?

- Porque soy un guardia civil y conozco mi deber.

Goyo, el alcalde de Ribadesella, no tuvo mas remedio que sentir la grandeza de aquel soldado, de aquel Guardia Civil y dijo que un hombre como aquel no debía ser fusilado nunca…

Sin embargo de nada sirvieron aquellas palabras y Antonio Moreno murió cinco días fusilado, de rodillas, porque la enfermedad y la debilidad no le impedían ponerse en pie.

Hasta la fecha no se conoce el lugar de la ejecución ni el sitio donde este cadáver reposa de su gesta heroica y patriota.

Antonio Moreno murió como un soldado, como un héroe, como un... Guardia Civil…

Fuente: El Oriente de Asturias • diciembre de 1937

Años mas tarde de su asesinato, fue condecorado a titulo póstumo con la Cruz Laureada de San Fernando

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